Reencuentros

Cualquier día es bueno para tomarse un rato y recobrar algo valioso que se nos escapó por el camino casi sin darnos cuenta… O al menos eso creo yo.

El viernes los compis del Instituto Claret, promoción del 88, habían organizado con todo esmero un “Congreso” hasta el último detalle (gracias, Toni) mientras otro compi ofreció el lugar ideal para estar más cómodos sin desatender su trabajo en el Centro Hípico La Font del Saladrar, una espectacular finca que llevan adelante los hermanos Aparicio. Nuestro Rafa nos mostró orgulloso casi un centenar de caballos y las alucinantes instalaciones de que disponen. Todo un lujo en nuestra zona. Un proyecto hecho de pasión, clase y ‘savoir faire’. Acudimos una quincena de personas aunque otras tantas no lo pudieron hacer por motivos obvios un viernes a media tarde… Yo me pasé a hacerme un café, con un tiempo que no tenía, pero que finalmente busqué y encontré. El rato del café me duró casi cuatro horas, no podía irme, como cuando parábamos el mundo para charlar y charlar sin importarnos nada más.

Se vió a todo el mundo a gusto y feliz y reconfortado de compartir un rato entre viejos amigos en estos tiempos aciagos para todos… Personalmente salí de allí con el corazón ensanchado. Nos dejaron la autoestima a prueba de bombas, nos llevamos caquis con denominación de origen de la Ribera (yo creo que más paquetes que nadie), una muy buena chica me convenció de la necesidad de un viaje con mi marido a solas sin la prole, me alabaron mi nuevo peinado y me apunté al outlet de relojes Franc Vila, me convencieron que lo más ‘cool’ en un banquete de bodas es cortar un melón al alimón y no una tarta, casi nos afiliamos a Compromís y tiramos una traca y nos pareció que llevar a nuestros hijos a clases de hípica ha de ser una pasada… Comprobamos también que se pueden hacer fotos estupendas con el IPad y nos tranquilizó pensar que, con la que está cayendo ( o mejor dicho, con lo que están haciendo), que hay gente muy competente y con capacidad de trabajo en nuestros juzgados. Sólo nos faltó hablar de la magnificencia del Universo … e ir al centro comercial, que estaba allí al lado. !Ah, también aprendimos cómo acabar con las moscas sin acabar con la gente!. !Qué risa Ana, casi me muero! !Este Rafa no cambia!…

Perdonen que no siga, me tengo que ir a consumir cartón reciclado a toneladas… Voy a conseguir que suba su precio en los mercados…, vi a un muy apreciado claretiano serio y cansado y he de hacer lo posible para cambiar esto…

Fue una tarde estupenda en que paramos un rato los relojes, para continuar creciendo juntos. Chicas, chicos, adolescentes reciclados todas y todos, aún nos queda muuuuucho por crecer.

Lo siento, Carlos, voy a reincidir, sin complejos: Ismael Serrano en ‘Vértigo’ pide, entre otras cosas, que ‘el mundo pare, qué corto se me hace el viaje. Me escucharás, me buscarás cuando me pierda y no señale el norte la estrella polar?’ para acabar diciendo ‘qué sano es arrancarte esa risa’ además de que ‘basta de lamentooooos, brindemos que aún queda tiempooooo’… Hermosa canción…

Pues eso, ¡brindemos!

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“El corazón tiene cerebro”

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En estos tiempos en que se antepone la razón por encima de cualquier otra consideración denostando las ‘razones’ del corazón por entenderlas como impulsivas, basadas en emociones, culpables de arrastrarnos a un mundo a la deriva… En estos tiempos en que se contraponen constantemente cabeza y emoción …

Va y aparece alguien diciendo lo siguiente:

¡Que el corazón actúa sabiamente!. Que el corazón arrastra al cerebro, que las emociones no son más que estados de conciencia inteligente…que posee un sistema nervioso independiente con más de 40.000 neuronas, una compleja y tupida red de neurotransmisores, proteínas y células de apoyo. Además, hay cuatro tipo de conexiones con el cerebro: comunicación neurológica, biofísica, bioquímica y a través de campos magnéticos e información energética.

La matemática e investigadora de la conciencia Annie Marquier sostiene que el corazón tiene cerebro…

Desconozco cuan de rigurosamente científico es todo esto por el momento, pero no deja de parecerme cuanto menos divertido tenerlo en cuenta.

La fajatanga: la hora de la verdad

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Ha llegado la temida ‘hora de la verdad’ otro verano. Ponerte el bikini e intentar lucirlo o no deslucirlo demasiado, porque yo al menos me niego en redondo a calzarme dentro de un bañador en plan Esther Williams mamá de los años cincuenta -estoy hablando del pasado siglo, horror-. Y es que esto de ser una anti deportista acérrima tiene sus desventajas, a pesar de que no pare en todo el día y haga más steps que las del mantenimiento del Empire State.

Este es uno de los momentos más crueles para una mujer que cada día tiene menos de niña y un poco más de adolescente reciclada, que diría una amiga, momento en que ya ni te atreves a duras penas a sondear las miradas que llegan hasta tus pechos, trasero, caderas y muslamen desde las sombrillas y la orilla. No dejan ni un centímetro por inspeccionar, oye, tengas la edad que tengas, hay que ver qué aburrido debe ser el periódico o lo que sea parece que están leyendo. En ese sentido (nunca lo confesarás, sería casi anti español hacerlo), pero agradeces que ya no hayan chiringuitos, mira por dónde. Te puedes sentir el ser más pequeño del Universo o una diosa dentro de una amplia escala de ‘valores’ de la que ninguna se escapa.

Aunque todo esfuerzo de la conocida como ‘operación bikini’ tiene su merecida recompensa. El estilo y la gracia y la fingida seguridad con que instintivamente te pertrechas con los años se encargarán de aliviarte tan cruciales segundos. Afortunadamente, el momento del ‘descubrimiento’ de la Venus dura sólo unos instantes. Los niños y el marido complaciente que siempre te encuentra estupenda te pongas como te pongas y nuestra autoaceptación práctica de ‘no más malos rollos’ hacen que la playa o la piscina continúen siendo un gran placer.

No nos vamos a comparar con ninguna, para qué. Mientras intentas disfrutar del momento del regreso estival sin recordar tu cuerpo serrano de antaño -y lo consigues-, te autoflagelas con reproches de no suficiente gimnasia -ninguna en mi caso-, ni crema anticelulítica ni tratamientos carísimos sólo al alcance de unas pocas y demás; pero ahora ya poco se puede hacer, piensas, mientras te vas untando de bronceador exprés, además tú no tienes tiempo para eso. El año que viene será. Es cuestión de constancia, lo sabes, pero tampoco has sido de las que se torturan con la imagen, entonces de qué te quejas ahora… Y ya nos ves a toooodas ‘atacás’, paseando por la orilla como quien no quiere la cosa, por puro ‘hobbie’ aunque el sol te queme viva, mientras miramos de reojo el resto de cuerpos que circulan por el sentido contrario.

Hace poco escuchaste a Merche Carneiro, en ‘Valencia en la Onda’ de Onda Cero, hablar de la fajatanga, medio en broma medio en serio, junto a sus compañeras de equipo. Habrá que ir viendo eso qué es lo que es.

65 maneras de ganar 600 euros extra y ahorrar

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En tiempos de crisis, hay que saber aguzar el ingenio para aprovechar las oportunidades que existen. A falta de empleo, buenas son las ideas que publican José María Iñigo y David Zurdo para sacar un dinerito extra:

Entrevista en ‘El hormiguero’.

Pelador de piñones, paseador de perros, vendedor de pelo, contestador de encuestas por Internet… E ideas para el ahorro doméstico… Más práctico, imposible.

El tipo que inventaba noticias falsas

Anteayer el periódico “El Mundo” hablaba de Tomasso De Benedetti, el hombre que inventa noticias falsas y que asegura haber escrito el polémico tuit de la pareja de Hollande.

“Especialista en dar noticias falsas. Ese es la profesión que debería figurar en las tarjetas de visita de Tomasso De Benedetti, un italiano de 43 años, padre de familia, hijo de periodista, nieto de crítico cultural y que se gana la vida dando clases de literatura en un colegio del centro de Roma.

Este hombre culto, refinado y un poco excéntrico se dedica desde hace años a publicar entrevista inventadas con personajes famosos y a difundir a traves de las redes sociales noticias falsas bajo identidades falsas. Fue él quien recientemente embaucó a muchos con un tuit escrito en nombre del cardenal Tarcisio Bertone, el número dos del Vaticano, anunciando al mundo la trágica muerte de Benedicto XVI…

Pero ahora, este experto en farsas, engaños e invenciones ha sido burlado. De Benedetti asegura ser el autor del polémico tuit en el que Valerie Trierweiler, pareja de Francois Hollande, daba su apoyo al adversario de Segolene Royal, la ex del presidente francés. A pesar de que Tierweiler ha admitido públicamente el error, confesando de ese modo su responsabilidad, De Benedetti insiste en que fue él quien escribió la frase.

“Entré en Twitter, teclee el nombre de la cuenta de Tierweiler y cuando me pidió la clave, metí varias palabras que se me ocurrieron. Hasta que al cuarto intento tecleé Parisien, como se llama la revista en la que trabaja. Y se me abrieron la puertas. A partir de ahí, me pareció divertido escribir un tuit con su nombre dándo ánimos al adversario de la ex pareja de su compañero”.

Se desencadenó una fuerte controversia, y nuestro hombre se frotó las manos satisfecho ante el follón que había producido. Pero lo que no se esperabaes que Tierwieler acabaría apropiando de su tuit… “No sé por qué lo ha hecho. A lo mejor pensó que nadie la creería si decía que le habían saboteado la cuenta o tal vez ha querido hacer un uso político de la situación. El caso es que a mí me ha amargado. Era la primera vez que pirateaba una cuenta de Twitter, no lo voy a hacer más”.

Embaucador

A lo que De Benedetti no piensa renunciar es a su carrera como embaucador y falsario profesional, que arrancó un poco por casualidad en el año 2000. “Yo trarbaja como periodista. Iba a las ruedas de prensa, trataba de conseguir entrevistas… Me lo curraba, a pesar de que me pagaban muy mal, unos 20 euros por artículo. Un día le pedí una entrevista al escritor americano Gore Vidal y accedió a dármela. Pero en el último momento me la anuló”, revela a ELMUNDO.es. “Había apalabrado publicar la entrevista en el periódico napolitano Il Mattino, y cuando les dije que no la tenía me presionaron. Me dijeron que tenía que conseguirla como fuera, que ya me habían guardado el espacio. Así que decidí inventármela”.

A partir de ahí, De Benedetti se convirtió en el rey de las entrevistas falsas. John Grisham, Mario Vargas Llosa, John le Carré… No había escritor famoso que se le resistiera. Así que decidió dar un nuevo salto y ampliar su elenco de falsos entrevistados con personajes de calado del mundo político y religioso como Lech Walesa, Mijaíl Gorbachov o el propio Joseph Ratzinger. “La última entrevista que el cardenal Ratzinger concedió antes de ser elegidoPapa fue a mí”, asegura sacando pecho. Obviamente, era fraudulenta.

Durante diez años la cosa funcionó. Ninguna del cerca de un centenar de falsas entrevistas publicadas durante ese tiempo por De Benedetti en numerosos periódicos de provincias italianos despertó sospechas. “Nadie me preguntaba cómo me las apañaba para entrevistar cada semana a un personaje de primerísima línea, cuando además me cobraba por cada entrevista entre 20 ó 30 euros. Yo creó que por un lado había mucha negligencia, peo también complicidad. Igual se imaginaban lo que ocurría y precisamente por eso preferían hacer la vista gorda”.

Descubierto

La gran bola de las mentiras explotó en 2010, cuando el periódico italiano La Repubblica le hizo una entrevista (esta vez de verdad) al escritor americano Philip Roth. La periodista le preguntó al novelista por la decepción que sentía respecto a Barack Obama, y que había dejado traslucir abiertamente en una entrevista al priódico Libero firmada por un tal Tomasso De Benedetti.Roth, furibundo, no sólo negó no haber dicho nada semejante eso sino que rechazó rotundamente haber dado nunca una entrevista a es tipo.

La revista The New Yorker decidió investigar quién era De Benedetti.Repasó las numerosas entrevistas de relumboron que a lo largo de los años había hecho y contactó con los entrevistados. Y descubrió el pastel: eran todas inventadas.

“En ese momento yo tenía dos opciones. Podía asumir que me habían pillado y guardar silencio, pero eso no encaja con mi temperamento. A mí me gusta el periodismo, me divierte. Así que lo que decidí fue especializarme en auténticos falsos”.

A las redes sociales

De Benedetti comenzó a crear entonces cuentas fraudulentas en Facebook y en Twitter en las que se hacía pasar por personajes famosos. Cómo olvidar, por ejemplo, la famosa cuenta oficial de Carla Bruni desde la cual la ex primera dama francesa anunció al mundo que se acababa de enterar de la muerte de Margaret Thatcher.

“Un importante político canadiense llegó incluso a salir por televisión lamentando la perdida de una importante estadista”, se regocija De Benedetti. O cuando Umberto Eco, a través de una perfil falso de Twitter, dio cuenta del fallecimiento de García Marquez.

Por no hablar de aquella otra ocasión en la que el cardenal Tarcisio Bertone informó al planeta a través de un tuit de la muerte de Benedicto XVI. “Imgínese usted al número dos del Vaticano comunicando la muerte del Papa a través de Internet. Es un disparate, algo surrealista, dadaista.. Pues lo increíble es que no se imagina cuantos picaron: el Guardian, el Washington Post, France Press…”.

Aunque quizás su fraude más sonado fue cuando, a través de una falsa cuenta de email en la que se hacía pasar por Umberto Eco,el año pasado envió al Herald Tribune un artículo en el que polemizaba con Bernard Henry Levy respecto a una intervencion en Libia. “Mandé el email un domingo, convencido de que los sagaces reporteros de la edición internacional del New York Times en seguida llamarían al falso número de móvil que adjuntaba. Pero no lo hicieron, no comprobaron nada. El martes por la noche la carta de Eco estaba en la edición ‘online’ del periódico. Y el miércoles, en la edicón impresa de todo el planeta”. El periódico reconoció la metadura de pata y se excusó con sus lectores.

Detrás de las acciones del impostor De Benedetti se encuentra una denuncia explícita contra los medios de comunicación. “Yo hago lo que hago porque me divierto. Para mi es un pasatiempo, una especie de juego literario en el que doy vida a unos personajes”, asegura. “Pero también me interesa subrayar como en los tiempos de Internet, cuando la rapidez es tan importante, la información vuela sin ningún control. Nadie verifica las informaciones, nadie las controla”.

“De verdad”.”