“Yo vivo aquí”

De México recuerdo mucho, muchas veces…

Fue nuestro destino en el viaje de novios.

Nuestro guía en México D.F. era un hombre de mediana edad, gesto amable, hablar cálido y culto. De natural discreto y trato afable.

Hizo de Cicerone de nuestro variopinto grupo durante tres días y sus noches por una de las urbes más grandes del planeta, y he de reconocer que hacerlo bajo su punto de vista me encantó. Un guía excelente como era aquel te descubre los lugares, las gentes y las cosas, de una manera especial, es así. Y no recuerdo su nombre ¿era Ricardo? ¿o Alfonso?

Vimos horas y horas de arte, folkclore, el museo antropológico más grande de Iberoamérica, pisamos la calle, nos ilustró sobre política y cultura populares, paseamos de su mano por Teotiuacán y Xoximilco, nos condujo hasta la plaza Garibaldi en donde se cantaban rancheras por doquier…

Nuestro grupo seguía sus pasos y explicaciones nutridas de historia, savoir faire y “mundología” que diría mi madre, día y noche, como si de la palabra de una reencarnación azteca se tratase, casi sin atrevernos a abrir la boca. Sus pinceladas quedaban sobre el aire, casi no hacía falta ni preguntar a lo “turist”.

El tercer día nos llevaba en la furgoneta al santuario de la Virgen de Guadalupe. Al salir de D.F. la conversación, después de haber compartido ya dos jornadas de viaje, bien desayunados y con todo el ocio del mundo por delante, se iba animando. Yo grababa el ambiente, la vista y a mi marido con su flamante anillo en el dedo… Alguien se fijó en las extensiones de chabolas que circundaban la capital y comentó lo impresionante que era ese paisaje…otro alguien que nunca había visto un poblado como aquel hizo algún comentario sobre la pobreza. Nuestro guía, siempre solícito y atento a todo, esta vez guardó silencio para añadir segundos después con un gesto digno que tengo grabado como si estuviera viendo ahora por el retrovisor…”yo y mi familia vivimos en esa zona de ahí”.

El silencio duró hasta el santuario, un lugar impresionante.

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Ser de poble

M’agrada València. Molt. Durant els anys d’estudiant he de dir que molts caps de setmana em quedaba a estudiar. També anava al cine, a sopar, quedava amb amics per a eixir…
Vaig començar amb les pràctiques i col.laboracions a Ontinyent i després el treball i se me va complicar tot més. Afortunadament el pis familiar i els bons amics i familiars que allí mantinc me permeten l’excusa del retorn cada molt poc de temps. Mentre vaig poder vaig anar cada any a alguna Mascletà, a la falla de la meua amiga Mayte, que últimament torna a la secció d’especial i aconsegueix segons premis i ninots indultats… Ella té part de la ‘culpa’ de que m’agrade anar.

Vingueren els xiquets i la cosa començà a complicarse, cada volta més. Però ara molts dels amics del meu home s’ han assegut i fet un lloc allí des del seu poble natal. No ho diuen, ni el més cosmopolita de sempre que abominava de l’ avorrida vida de poble, però es nota que cada volta la tiren més en falta. Un, cada día un poc més, es del poble on ha naixcut.

He renunciat a pràctiques allí per mal pagades en un mitjà del que deuria dir el nom. Però sí he fet algún treballet institucional quan começava ja fa molts, molts anys. A més, gràcies al meu germà he treballat per a una empresa que te allí la seua seu central durant anys, el que m’ha permés veurela de tant en tant amb presses, quasi sense detenir me, quan els meus fills han sigut ben menuts.

No obstant de sentirme cosmopolita a tope he passat amb els anys a sentirme com un pato maretjat en la capi. No deixa d’encissarme de nou cada volta. M’ agrada tot el que ofereix, la vitalitat que es respira, el pàlpit de la gent… però després necessite la pau, ma casa, la serra al costat, el bon dia a cada pas, la salutació personal, la broma a la verduleria, el fiat al pà, la cassola feta al moment, els xiquets pel carrer, els üelos a la petanca, els encontres a la plaça en diumenge, la quadrilla d’amics, el corro de mares rient a la porta del col.legi, el ritme pausat -fins i tot un poquet massa-, que regeix un dia a dia tranquil, armoniós.

Yo Claudio

Cuando oía esta música intrigante, me pegaba al sofá y no me movía nadie… Esta serie no tenía igual …

Claudio empieza en el primer capítulo a contar su historia en flashback:
Inicio primer capítulo ‘Yo Claudio’.

La BBC produjo esta miniserie en 1976, con guion de Jack Pullman, basada en esta novela y la siguiente. La producción ganó tres premios Emmy en 1978 y cuatro premios BAFTA en 1977. Esta es la escena en que César recibe la noticia del desastre del teutoburgo.

El libro de Roberto Graves -uno de los grandes best-sellers del siglo XX-, narra las intrigas familiares y del círculo próximo a varios de los emperadores del Imperio Romano para conseguir el poder (concretamente del reinado de Augusto a Calígula). Ante las insidias y artimañas, Claudio tenía tres opciones: irse, morir, o hacerse pasar por tonto. Eligió la más novelesca de las tres…

Infabilidad papal

Tiempos aquellos en que Javi le espetó a nuestro ilustrísimo y sapientísimo Federico Martínez Roda en mitad de una clase de Relaciones Internacionales si “creía que tenía infabilidad Papal”…qué momento Dios, qué momento…

Le gustaba Jimmy Hendrix. Hoy escribe en “El Mundo” Comunidad Valenciana bajo el seudónimo de Javier Cavanilles. Prueba de su talento es que el periódico le permite enlazar con un blog sobre fenómenos paranormales en donde destila ironía, sarcasmo y humor negro… Para que se hagan una idea de cómo las gasta este irreverente, cuando el periódico cambió de sede, se atrevió a escribir y le permitieron publicar que “ahora tenemos hasta ventanas, un privilegio que no sé si merecemos”.

Desde el más allá, más o menos…”un divertido repaso al universo de los fenómenos paranormales, la mala ciencia, las conspiranoias, la ciencia fricción y demás creencias absurdas”.

¿Quieren reír un poco?
Desde el más allá, más o menos

Zucchero y Oxford

Cuando tenía 20 años me apetecía hacer un viaje sola, ser capaz de buscarme un poco la vida, de demostrarme a mí misma muchas cosas, alzar el vuelo unas semanas, después de haber ganado y ahorrado un dinero extra durante meses, de costearme un curso de inglés, de conocer Óxford.

Allá que me fuí, con mi hermana… Lo pasamos bien. Aprendí mucho. Fueron unas semanas inolvidables. Ver al grupo italiano en un hermoso y cuidado jardín inglés cantando todos esta canción y otras a coro no se puede describir. Grabé el nombre de Zucchero para no olvidarlo: “Senza una donna”.

“Miserere”. Pavarotti, espectacular…pero a Zucchero se le sale el corazón por la voz… La canción es suya.

“Eres mi religión”, con Maná.

A solas, “Everybody’s got to learn sometime”.

“Pure love”, con Dolores O’Riordan de The Cranberries.

Corazones de oro

Hay corazones de oro que doy gracias de tener de vez en cuando cerca. Algunos los tengo hasta muy cerca. No necesito más para ser feliz, ni una buena mesa ni siquiera una buena conversación o un lugar especial; sólo su compañía, el disfrute de su presencia, girarme y verles ahí…

Una de las cosas que están muy bien de esta edad puñetera y gloriosa es buscar y apreciar momentos como éstos. Un puñado de gente a la que quieres en casa para mimarles un poquito. Me hacía ilusión tenerles aquí.

En una comida de festera hace unos años una amiga de mi marido que vive en Madrid lo describió así: “si no fóra per moments com estos; éstos son els que fan que valga la pena…”. Fue una comida fantástica aquella, como lo fue la de ayer sábado en casa, comida-merienda-cena, rodeada de gente a la que nunca le debí perder la pista. Mi marido como siempre, disfrutando con quien yo disfruto y dando el 200% de su persona, que es mucho dar, y no sólo por el porcentaje.

Hace falta mucho, mucho tiempo para formar parte de ese intangible que preside una reunión entre viejos amigos. ¡Qué bien lo pasé!. ¡Hasta me hicieron pasear!.