Para mentiras las de la realidad

Si Cervantes hubiera conocido a Sabina y Serrat hubiera flipado. Quizá hubiera salido un Quijote serratizado o un Sancho Panza sabinón. O viceversa: un Quijote divertidamente sabinizado y un Sancho serratosamente sensato. Contaba el académico de la lengua y estudioso barcelonés desaparecido este tiempo atrás Martí de Riquer que parece que el manco de Lepanto era simpatiquísimo.Todas las referencias sobre él apuntan hacia un hombre de un gran ingenio y humor incluso en los momentos más dolorosos de su vida, que no fueron pocos. De haber conocido al de Úbeda y al Nano algo grande hubiera pasado, fijo.

Juntos hubieran andado desfaciendo entuertos y faciéndolos. ‘Mire usted vuestra merced…’ hubieran apuntado gentilmente a Don Quijote el del Poble Sec o el de Jaén. Las canciones de este par de juglares deberían viajar en el tiempo. ¿Te imaginas a estos dos señores de trovadores cantando al amor cortés?. Mitificando la caballería y el sentimiento ‘porque de la caballería andante se puede decir lo mismo que del amor se dice, que todas las cosas iguala’ asegura el amo a Sancho mientras le invita a comer a su vera. ¿O prepararando los ungüentos y aceites con que sanaban después sus heridas?. En medio de aquellas desventuras o de estas aventuras, molidos a palos entre la parodia y la fantochada, curando orejas sangrantes y poniendo remedio a huesos doloridos y magulladuras.

Pocas personalidades tan ricas, complejas y representativas de lo nuestro como las de estos cuatro caballeros al alimón fundiendo presente, pasado reciente e histórico con la realidad y la ficción. Porque detrás de Sabina y Serrat está la gente pero las novelas de caballería europeas son también nuestro imaginario y crees que ‘El Quijote‘ debería ser ahora más europeo que nunca en medio del desencanto y la labor descomunal que nos ocupa. Hoy no te cuesta imaginarlos a todos junto a un grupo de pastores haciendo noche en Sierra Morena compartiendo ‘un queso más duro que argamasa’, o ‘andarse por los bosques y prados cantando y tañendo, y lo que sería peor, hacerse poeta, que según dicen es enfermedad incurable y pegadiza’.

Escuchar a Sabina o Serrat siempre es un acierto en cualquier momento. Suyo o tuyo. Leer ‘El Quijote’ por supuesto que otro tanto. Placer verles luchando, ambos dos en ambos casos sin saber que era contra sí mismos contra quienes lo hacían en busca de respuestas e ideales, del eterno femenino llamárase Dulcinea, llamárase Lucía, viviera en un mesón, en una casa principal o en un motel de la M-30. Y es que ya se sabe ‘nunca fuera caballero de damas tan bien servido como fuera Don Quijote’ además de que por aquel ‘entonces se decoraban los conceptos amorosos del alma simple y sencillamente (…), sin buscar artificioso rodeo de palabras para encarcelarlos’.

¿Alguna vez han saltado los caballeros andantes del imaginario colectivo a la realidad?. Estaría bien verles juntos representándonos en ese limbo de lo común a todos, enfrentándose a titanes, molinos, miserables, lanza en mano y gesto airoso. Sentir ternura por estos caballeros pertrechados de bacín y bombín es una sensación nueva a la que habrás de acostumbrarte. Debe ser la edad. La tuya. Siempre les vas a la zaga, o siempre te van por delante, afortunadamente. No es mal colchón el leerles o escucharles para que los golpes duelan menos.

Para mentiras y golpes crueles los de la realidad.

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