Nuria Espert, en Incendios

Fani Fernández

13 de mayo a las 18:17 ·

Una vez me quedé a ver una película por la voz de su narradora. Es muy extraño que hayan películas contadas con una voz en off desde un rincón de la historia. Era una voz de bellísimo timbre,  riquísima, con una personalidad que me enganchó. La película, vería después, era  ‘La edad de la inocencia’ de Martin Scorsese. Aquella voz me sonaba, pero hubo de pasar un buen rato hasta que la identifiqué. ¡Nuria Espert haciendo doblaje!
El otro día me sentí, desde un palco del Principal, como si estuviera dentro de la escena que, junto con la inicial, es mi preferida del film. Solo me faltaban los anteojos.
Cosas que hay que hacer al menos una vez en la vida: Ver a Núria Espert. Cumpliendo un pequeño sueño, en el Principal de Valencia. Un pequeño gran lujo.
 Nuria Espert regresaba al Teatro Principal de Valencia con «Incendios» acompañada por otros siete actores, para dar vida a más de una veintena de personajes. La veterana actriz ha intentado con ‘Incendios’ de Wadji Mouawd, en Valencia  “recobrar el amor teatral que había en Valencia, un cariño verdadero, que no sé si existe todavía, me temo que no tanto”, ha apuntado.

La actriz, que ha evocado los lazos que le unen a este teatro, ha asegurado que su marido, Armando Moreno, que lo dirigió durante dos temporadas, “lo adoraba”. Es un espacio “lleno de recuerdos cariñosos” para ella pero que “ha pasado muchas vicisitudes” y teme que “se haya destruido todo aquello que costó más de 30 años construir”.

Así lo ha manifestado este jueves a la agencia EFE durante la presentación de ‘Incendios’ en el Principal de València, donde llega tras una extensa gira internacional para quedarse en la ciudad hasta el 21 de mayo y dejar una “profundísima huella” que prenderá fuego en el interior de los espectadores, ha augurado.

Bajo la dirección de Mario Gas, completan el reparto Laia Marull, Carlota Olcina, Àlex García, Ramón Barea, además de Alberto Iglesias, Lucía Barrado y Germán Torres, estos últimos también presentes en la rueda de prensa junto a la productora Pilar Yzguirre y el director adjunto de artes escénicas del Institut Valencià de Cultura (IVC), Roberto García.

‘Incendios’ es un “drama en estado puro” que se extiende a varias generaciones. Los ocho actores dan vida a 23 personajes en un montaje que retrata el conflicto del ser humano frente a las religiones, las tierras o las razas y obliga a reflexionar sobre el dolor y el perdón.

Noticia del diario ABC Comunitat Valenciana en el enlace inicial.
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Contagiando a Eco

CONTAGIANDO A ECO
(La paradoja de Justo Serna)

Una que ha sido y es muy sosegada, hasta la flema, pero muy visceral para las lecturas, es y mucho de Justo Serna. Apostar libro a libro desde tu estantería por el talento de alguien y verle crecerse es una satisfacción inmensa como lectora. Aposté a caballo ganador, es cierto, a la gente nos gusta hacer esas cosas. Creo que su obra ofrece una interesante perspectiva y responde a una voz intelectual plena e in crescendo en una vertiente no muy transitada, el ensayo, que hibrida con la narrativa e incluso con el género fantástico y el diario pessoiano hasta la carcajada. (Un ensayista guasón, tronchante es lo más, no me dirán…). Serna es muy de Antonio Muñoz Molina y Umberto Eco -quién no-, aunque curiosamente él por el momento no parece querer responder al reclamo comercial. ¿Creerá que ha encontrado el tono intermedio válido para muchas cosas y se encuentra cómodo y se siente más útil así? Sospecho eso.

En este monográfico sobre Umberto Eco, ´Leer el mundo´, editado por La Huerta Grande, nuestro autor invita a aprender a mirar desde el disfrute la obra del profesor de la Universidad de Bolonia, recalando en varias de sus facetas a través de textos independientes y digeribles, a modo de ensayos breves. En ellos muestra un poco de análisis y de erudición, mucho de afán divulgativo y ligeros toques de diversión intelectual, de juego formal motivándonos a dejarnos llevar por “la gracia, los juegos de la lógica por el placer del texto”. Así sucede en ‘Un bazar’, ‘Para qué sirve un profesor’ o ‘Lo posmoderno’ en donde nos traslada preguntas y siembra la duda e intenta desterrar el “papanatismo ideológico”. ¿Ligereza y profundidad, juntas, reconciliadas? Hay gente realmente atrevida, Serna lo es, en ‘El eco del unicornio’ lo demuestra.

A través de su faceta docente, de la de columnista, de sus novelas, de sus estudios, nos va descubriendo todo el vigor y la fuerza que atesora la obra de Eco, a quien no gustaban los mensajes subyacentes en medio de la saturación mediática y cultural ni tanta estrategia de manipulación ni las sempiternas mentiras. Adentrándose en ‘El nombre de la rosa’ por ejemplo, nos ofrece un prisma exquisito, de formas inusuales para que interioricemos lo que vemos a modo de alumnos de los tutores antiguos algo que él mismo se aplica pero mutado en tutor de masas. (Las redes sociales son testigo). Así dice del joven Adso que “acompaña al adulto y de él aprende a conducirse, a desenvolverse, y, sobre todo, a mirar, a escrutar para trabar relación entre cosas aparentemente ajenas o extrañas”, “tanteos, audaces y joviales miradas a un mundo que cambiaba, sí, vertiginosamente”. Pero también nos muestra aspectos interesantes de obras menos conocidas, como ‘El cementerio de Praga’. Serna aplica cuanto lee aplicadamente en nuestro beneficio. Siempre. Hay un arduo proceso de higiene intelectual, de rigor para consigo mismo hecho de lecturas interactuando en movimiento unas con otras. Ese rasgo en concreto es el que más me gusta de cuanto hace. Es de mirada límpida, de las que emocionan, aunque no esconde sus convicciones. Solo eso bastaría para jurarle lectura eterna, porque eso, que se dice tan fácil, habla de un trabajo bárbaro de muchísimos años y de modestia y también de una singularidad triste (por escasa).
Eco es desde hace mucho patrimonio infinito e infinitesimal de todo el mundo. Su genio se multiplica en cada relectura; hablar de su obra es solo para valientes. Pero como otros grandes a mí me resulta frío. Alguien que habla de historia, pensamiento, comunicación, de lenguaje, de verosimilitud, de falsedades y mentiras -pero lo hace abstractamente, sin emoción- visto con cercanía y calidez gana. Porque Serna se rige aún sin parecer saberlo conscientemente por un afán poético, esa es la gran y preciosa paradoja de este autor valenciano. Querer ser racional a toda costa, casi irracionalmente. Querer exorcizar, librarnos de los demonios que rigen nuestro carácter y castigan nuestra historia pero a un mismo tiempo andar regido por lo más poético de esa forma de ser, la búsqueda quijotesca de aunar y relacionar diferentes modos de entender la cultura mediante un bello propósito, “más (bello) que la Victoria de Samotracia”, sí. Del mismo modo que él observa en Eco, en el conjunto de su obra “la sutileza, la broma, la mezcla incluso bizarra de lo alto y de lo bajo, las referencias de la gran cultura en vecindad con los productos de la sociedad de masas”. Querer ser racional desde lo irracional y hasta lo irracional, con intento redentor.
Este libro sobre el coloso italiano en ojos de Justo Serna no es más que un colofón a una manera de ver cuanto nos rodea. Como decía, lo hace ampliando el punto de mira y aligerando la carga de manera implacablemente positiva y empeñado en combatir nuestros males heredados. Y lo intenta inyectando raciocinio, atemperando, proyectando y relacionando con otros saberes de otras latitudes, pero sin perder carácter. Ha buscado en los rincones de nuestra Historia para bombardear nuestra negritud, ha detectado los resquicios de nuestra grisura para combatirla desde el saber, con talento y con ganas, con denuedo, desmontando la paraeta de muchos. Así se crece. Yo lo hago en cada lectura de sus textos que destilan un afán por el conocimiento filtrándose por cada neurona, puestas a bailar al ritmo de un swing de Frank Sinatra aunque te estés muriendo de sueño.
‘¿Quién remplazará a Eco?’, ‘I still miss Umberto Eco’, son los últimos títulos de los ensayos breves del libro, y sin querer acabo pensando que hay que controlar la nostalgia; hablamos demasiado de quienes hace demasiado no están y menos de quienes desde el presente más inmediato intentan reinterpretar lo contemporáneo con su propia visión del mundo, de primerísima mano. Es un ejercicio mucho más arriesgado y costoso, pero más actual y provechoso. Solo me cabe esperar algún día contagiar a Justo Serna en estado puro, sin reinterpretaciones, sin citas, de puertas hacia adentro, pero por favor con ironías, paradojas, metáforas, guiños, sorna, provocaciones. Ya sabemos que no necesita de su ego para mostrarnos cosas, que se sirve de otros. Tal vez ese día llegue, tal vez solo falten algunos años.

Contagiando a Eco. Contagiando a Eco, a Eco, Eco, Eco, Eco… Por sus denostadas redes. Otra bellísima paradoja, que al menos intenta serlo.