Agua, ríos y burbujas… bajo del mar.

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Me encanta el verano. El agua, el chapoteo, los juegos con los niños, los flotadores, el remojo… La playita, la piscina, sacar las tablas de surf, saltar olas… No es como volar pero es más factible y sobre todo más refrescante.

Hubo un tiempo en que este tipo de aventuras acuáticas era posible, aunque nosotros de descenso internacional, nada de nada. Sí descendimos por el Sella, no sé cómo, pero lo hicimos. Caudal bajo, en piragua de dos, casi encallando por las piedras del rio en pleno agosto. Mi marido y yo, entonces sólo novios, no coordinábamos los remos. Nos soltaron sin cursillo de maniobras. Óscar, ya experto en estas lides, siempre tan suspicaz y bromista le decía a Nuria, desde la canoa de atrás, muertos de la risa algo así como: “vamos a ser culpables de un divorcio antes de que llegue la boda”… ¡Sobrevivimos!. Mayte, ni cuento cómo lo pasó… Qué risa. Y es que no es fácil tarea, no crean… Aquí les muestro, por si se atreven, donde se encuentra una ‘curva mortal’.. No nos ‘pescó’ nadie para las Olimpiadas, qué va.

Hubo un tiempo en que disfrutamos entre burbujas de otro tipo, pero acompañadas de todas éstas y los niños tampoco están nada mal… Además de verdad. “Burbujas de amor” de Juan Luis Guerra con Ariel.

Esta excursión nos la propuso un amigo el año pasado, con ruta minuciosamente escrita, de senderista total, llena de bromas y guiños, un placer ya antes de salir. Aún la tenemos pendiente porque a buen seguro los niños disfrutarían ascendiendo por el rio Fraile.

Y dentro de nada, al Aquopolis, donde ‘sufrimos’ una regresión fantástica y catárquica. Buahhh, ahora es nuestro plan preferido.

Por ver esto pagaría lo que fuera, pasaría por medio de la selva y cruzaría por los caminos más angostos y terribles. Ahora me han contado que te llevan en trenecito. No se podrán valorar igual después de llegar de una u otra manera, pero las Cataratas del Iguazú, ya están, llegues como llegues, entre las siete maravillas del mundo.. Desde la garganta del Diablo puedes escuchar cómo cae el agua de las cataratas.

Muchas y muchos este verano no volveríamos a la superficie PARA NADA. Yo no sé qué le dió a la Sirenita, con lo bien que se está bajo el agua, no conocería la palabra crisis (no me extraña, tampoco conocía la palabra tenedor). ¡Ay! con lo bien que se está “Bajo del mar”.

¡¡¡Qué bien se está dentro del aguaaaa!!!!

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Soy Minero, por Isaac Rosa

Soy minero, “Eldiario.es”, por Isaac Rosa
11 de julio de 2012

“Que en estos tiempos hipertecnologizados hayan tenido que ser los mineros los que enseñen el camino al resto de trabajadores, da que pensar. Que en la época de empresas flexibles, sociedad de la información, economía global, riqueza virtual y trabajadores desubicados y desideologizados, hayan tenido que ser los viejos mineros, con sus duras herramientas, sus manos callosas y su fuerte conciencia de colectivo, los que salgan a la luz y echen a andar para que los sigamos, debería hacernos pensar qué nos ha pasado a los trabajadores durante los últimos años, qué hemos hecho y dejado de hacer, qué nos han hecho y qué nos hemos dejado hacer.

Habrá quien diga que el protagonismo minero de estos días es pura coherencia: si la crisis y las políticas anticrisis suponen para los trabajadores un salto atrás en el tiempo, un regreso a trompicones al siglo XIX, nadie mejor que los mineros al frente de la manifestación, ellos que con tanta rotundidad encarnan aquellos tiempos iniciales del movimiento obrero. Pero no estamos ante un asunto de coherencia histórica, sino mucho más.

Las emocionantes escenas vividas en cada pueblo por donde han pasado los mineros en su marcha hacia Madrid, la acogida, las palabras de ánimo, las ayudas recibidas, la solidaridad extendida por todo el país, en las calles y en las redes sociales, y finalmente el recibimiento en la capital y el acompañamiento en su protesta por tantos trabajadores, deberían ser un revulsivo, marcar un punto de inflexión en la construcción de resistencias colectivas. Los mineros han roto algo, han despertado algo que dormía en nosotros, nos han empujado.

Sé que hay un componente no pequeño de simpatía que escapa a las razones de su protesta. Hay algo de justicia histórica, de memoria, de sentimentalidad obrera si quieren, en el cariño que los mineros reciben estos días, y digo cariño con intención, porque en ocasiones se trata de cariño más que de comprensión de sus reivindicaciones. La figura del minero, con su casco, su lámpara y su rostro ennegrecido está fuertemente arraigado en el imaginario de la clase trabajadora desde hace siglos, y por eso con los mineros no funciona el habitual discurso de los “privilegiados” con que algunos intentan anularlos desde la derecha mediática (por eso, y porque la minería representa desde siempre lo más duro y peligroso del mundo del trabajo, y su fatiga, lesiones, enfermedades y accidentes no casan bien con ningún privilegio). Por todo ello, por su condición popular de héroes de la clase obrera (demostrada, por otra parte, en tantos episodios de lucha en efecto heroica a través de siglos), parece natural que los mineros encuentren todo ese calor a su paso por los pueblos. No creo que una marcha a pie de, pongamos, camareros, albañiles, periodistas o funcionarios, lograse tanto apoyo, tanto cariño, tantos recibimientos, homenajes y adhesiones, por justas que fuesen sus reivindicaciones.

Pero más allá de ese componente emocional, importa el momento en que se ha producido esta salida de los pozos. En un momento de terror económico como este, cuando los trabajadores nos sentimos acorralados, desesperanzados, y nuestra resistencia se limita a adivinar por dónde vendrá el siguiente golpe, la aparición en escena de los mineros puede ser la lucecilla al final del túnel (el túnel en que andamos perdidos los trabajadores, no el tópico túnel de la salida de la crisis donde la única luz que se ve es la del tren que viene de frente), la señal que estábamos esperando. Los mineros nos están dando una lección que no deberíamos dejar pasar, y que va más allá de sus reivindicaciones por justas que puedan ser.

Y lo son. Los mineros tienen razón en su lucha, y no voy ahora a extenderme en por qué tienen razón. La tienen por todos los motivos que ya habrán oído y leído estos días, pero incluso si no tuviesen esos motivos, seguirían teniendo la razón de su lado, por una elemental cuestión de justicia histórica. Se lo debemos, a ellos y a las generaciones de mineros que les anteceden, y eso basta para que estemos obligados a respetar su medio de vida y sus territorios, ofrecerles salidas dignas y no escatimarles un dinero que es calderilla comparado con los rescates financieros. Pero insisto: lo que hoy me interesa no es tanto su lucha particular (que apoyo), sino esa lección de dignidad, solidaridad y resistencia que nos dan al resto de trabajadores. Todos nos hemos sentido interpelados estos días por la lucha de los mineros, en dos direcciones: porque en su reivindicación de un futuro digno cabemos todos los que igualmente carecemos de ese futuro; y porque la contundencia de su lucha hace más evidente nuestra pobre reacción ante los ataques sufridos.

En cuanto a lo primero, la reivindicación de los mineros es extensible a todos nosotros. En los mineros vemos nuestro pasado, nuestra conciencia de clase que en algún momento perdimos o nos arrebataron, las posibilidades de lucha colectiva que hoy no encontramos. Pero sobre todo, vemos en ellos nuestro futuro: en su grito para no ser abandonados, para no desaparecer, para no ver arrasados sus pueblos y comarcas por el paro y la inactividad, asoma un resquicio del futuro que nos espera a todos, convertidos todos en trabajadores abandonados a nuestra suerte, abocados a un largo tiempo de escasez, de miseria; a merced de un viento que no deja nada en pie; con millones de empleos en extinción, y toda España convertida en una gran comarca minera amenazada por la desolación y la falta de salidas.

En cuanto a lo segundo, la dureza clásica con que resisten los mineros, la violencia con que responden a la violencia, hace que debamos buscar otra palabra para denominar lo que hacemos los demás, eso que a menudo llamamos de manera exagerada resistencia. Mientras nosotros ‘incendiamos’ las redes sociales, los mineros prenden fuego real a las barricadas en las autopistas. Mientras nosotros convocamos una huelga cada dos años, sin mucha convicción y sobre todo sin continuidad, los mineros eligen la huelga indefinida durante semanas, inflexible. Mientras nosotros escribimos posts y tuits de denuncia contra los recortes (yo el primero), ellos se encierran en los pozos, paralizan el tráfico, levantan en pie de guerra comarcas enteras, y finalmente echan a andar por la carretera. Mientras nosotros pintamos ingeniosas pancartas y componemos simpáticos pareados para gritar en manifestación, ellos se enfrentan a cuerpo con la Guardia Civil. Mientras nosotros retuiteamos y damos miles de “me gusta” para apoyar las reivindicaciones de los colectivos más castigados, ellos van pueblo por pueblo dando y recibiendo abrazos, compartiendo comidas y techo. Mientras esperamos al próximo aniversario para volver a tomar las plazas, ellos se plantan en la Puerta del Sol tras haber hecho suyas las plazas de todas aquellas localidades por las que pasaron.

La lección está clara: ante el ataque total contra los trabajadores, estos no son tiempos de hashtag, sino de barricada. Frente a la solidaridad efímera de la red social y la indignación inofensiva, son tiempos de caminar juntos, de compartir encierro o marcha, de encontrarse en las calles, de abrazarse como ya no nos abrazábamos, como estos días se abrazaban los mineros con quienes los esperaban a la entrada de cada pueblo.

Por todo ello, el gobierno no puede permitir que los mineros ganen este pulso: porque si triunfan, estarán dando un mal ejemplo para el resto de trabajadores, que podríamos tomar nota, aprender la lección, seguir su ejemplo para ser escuchados, para no ser pisoteados, para no seguir perdiendo: luchar, resistir, construir redes de solidaridad, ser firmes, llegar hasta las últimas consecuencias, tomar la calle, recuperarla. Por eso la durísima represión policial contra los mineros y su criminalización mediática.

Por las mismas razones los trabajadores necesitamos que los mineros ganen este pulso: porque su victoria despeja el camino para nosotros, y en cambio su derrota nos haría más difícil levantar la resistencia. Por eso hoy todos somos mineros, y tenemos que estar con ellos. Por justicia, por historia, por memoria, porque lo merecen. Pero también por nosotros, porque si ellos temen por su futuro, el nuestro es más que negro, negro carbón”.

Isaac Rosa
Sevilla, 1974. Escritor, autor de novelas como “El vano ayer” (Premio Rómulo Gallegos 2005) y “El país del miedo”, ha colaborado en varios medios de prensa escrita, digitales y radio. Su última novela es “La mano invisible”.

Maravillas de la crisis

Creo que habla en serio Javier Marías en su último artículo de “La Zona Fantasma” en el periódico El País cuando reconoce que haberlas, hailas, maravillas de la crisis…”son escasas, no nos engañemos, y en modo alguno compensarán las penurias… Es sólo que el panorama se ve tan lúgubre que con algo hay que animarse por tenues que sean los ánimos”.

¿Cabe la felicidad en tiempos de crisis?

¿Cabe la felicidad en tiempos de crisis?

Ni el PIB ni la prima de riesgo mide su satisfacción consigo mismo a falta de dinero. Pero otros valores pueden llevar a la plenitud.

Ahora se la llama PFB o Producto de Felicidad Bruta. Hoy en “El País”.

Reset, me dejo la piel, en boca de tantos…

Hay veces que uno o una necesita resetearse… Y quedarse como nuevo o nueva, reiniciando…

Algo así viene a decir Christian Porta, rapero barcelonés que arrasa en la red.

“Reset”, el tema que da título a su último trabajo discográfico dice así: “este es mi Reset porque necesito olvidar quien soy y volver a sentir la ilusión que sentía al principio, recordar de adonde vengo sin saber a donde voy, Reset, mi nuevo comienzo, si la vuelta a mis inicios…”. Me hace gracia que esto lo diga un crio, que ha vivido ya lo suyo, eso sí.

Hay veces que estás harto o harta de “etiquetas” (videoclip del primer sencillo de Reset, el que más me gusta).

Hay veces que estás contaminado, y necesitas descontaminarte…

Hay otras que uno o una puede llegar a sentirse como el pito del sereno y se cansa de serlo, de ir en boca de tantos y quiere que le dejen en paz. O está de vuelta y media de todo y va a lo suyo como si nada, como en “”Me dejo la piel”. …tema incluido en el disco.

Sí, en parte me gusta Porta y su música callejera. Me estoy poniendo en lo del rap, ya les contaré por qué. Ahora, demasiada rabia y cabreo para mi gusto, debo estar haciéndome mayor. Yo quiero calma, paz.

Feng Shui para coches

Ésta me ha encantado. Humor del absurdo, que falta nos hace, en “El Mundo Today”:

ALINEA LAS PIEZAS CON LAS ENERGÍAS POSITIVAS
Abren el primer taller que canaliza el Feng Shui de los coches
Publicado por Kike García, mayo, 2012.

Manuel Alacanto, un mecánico de Tomelloso y propietario de “Talleres Alacanto”, ha decidido darle un giro al negocio para dejar de lado la mecánica tradicional y enfocarla más hacia el Feng Shui, la disciplina milenaria que aprovecha todo el equilibrio de las energías para buscar el bienestar del hombre. Manuel, que aprendió “todo ese mundillo” tras leer un artículo en una revista de su mujer, cree que toda esa sabiduría puede aplicarse “a lo que viene siendo la automoción así como el tuning”. En su taller, que ahora se llama “Centro de rehabilitación de vehículos Paulo Coelho”, los coches averiados son desmontados hasta dar con aquella pieza “que no está en equilibrio consigo misma”; posteriormente las piezas son colocadas de nuevo y alineadas conforme a los flujos energéticos positivos del planeta.

Casi 1000 coches al año no pasan la ITV por culpa del Feng Shui

“La distribución de cada pieza, los colores utilizados en la chapa y en la tapicería, así como la ubicación de los objetos que llevamos en el salpicadero… todo es fundamental en el Feng Shui para que nos aporte energía positiva”, explica Manuel. “Se trata de jugar con los elementos esenciales de la Naturaleza: la tierra, el fuego, el agua, el aire, los neones…”

“Me han dicho que tardarán en repararme el coche porque les falta una piedra espiritual que tiene que venir de Alemania”, se lamenta un cliente. A otros a los que Manuel ya ha atendido, el coche les ha dejado de funcionar a los pocos metros “pero eso es porque yo desmonto las piezas y las alineo con las energías, y claro, al mover el coche, si se desvían de los canales energéticos, dejan de funcionar, lógicamente”.

Pese a los clientes descontentos, el negocio de Manuel no ha dejado de crecer y el mecánico ya está pensando en abrir nuevas sucursales. “Quiero abrir un centro de masajes y acupuntura para camiones y con lo que gane financiaré la investigación de un motor fósil que pueda funcionar con aloe vera. Para ello estoy depositando todo lo que gano en un banco que invierte mi dinero en chakras al 3%”.

Yo por si acaso tengo la cama mirando al norte… Ahora, lo del coche…
Me estoy enganchando a “El Mundo Today”.