El gallo que soñó Chagall

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Me vais a permitir que comparta una historia escrita por Jesús Trelis, Jefe de la Sección de Local en Las Provincias, que me ha encantado.

Os paso el enlace directo “El gallo que soñó Chagall”.

Y la historia que habla de cómo el mundo es en realidad una jaula repleta de humanos con alma de pájaro:

Gorriones al sol que buscan trabajo, ánades sin futuro que huyen del frío, las oscuras y odiosas golondrinas, el loro de las tertulias, los pájaros de Hitchcock o el gallo con el que soñó Chagall. El mundo es una jaula donde triunfa el que más aletea, y ni los lugares más pulcros se libran del instinto carroñero que sobrevuela un planeta canalla que huele a alpiste y palomar.

Ex mayordomos convertidos en cuervos. El grajo que con su pico fue sembrando la semilla de la traición a quien luego confesó querer como a un padre. Santo Padre. Un cuervo bajo la cúpula de San Pedro. Cuervos podridos de ambición.

Pajarracos encorbatados que se meten en política. Parlamentos y tierras prometidas en las que anida la corrupción. Lugares donde antes relució el mármol e imperó el barroco que ahora han sido devastados por halcones y buitres que no conocen la rendición. Zonas fértiles convertidas en vertederos incontrolados. Puntos de encuentro para gaviotas y urracas que buscan entre despojos los restos de un tesoro expoliado.

 Gallos y gallinas -y algún que otro gallito que se creyó algo- que soñaron con convertirse en pavos reales en una tierra que parecía próspera. Allí a donde se ponían huevos de oro y a donde los pájaros lucían alas con lentejuelas y garras de satén. Un edén para soñadores que, cuando llegaron los murciélagos despiadados de la gruta de los mercados, acabaron pálidos y desangrados. Las hipotecas les desplumaron y el paraíso se hizo corral con tintes de penal. Una cárcel donde sobreviven hacinados y poniendo huevos de sol a sol.

El águila imperial que sigue en palacio; los quebrantahuesos, esperando; los jilgueros, escondidos; los polluelos, estudiando; los búhos, cabreados? Un canario que soñó con triunfar en OT, un “tuit” que voló, el colibrí que canta a la oreja que se cortó Van Gogh: «Love, love me do./ You know I love you,/ I”ll always be true/ so please, love me do,/ whoa love me do…»

Un cernícalo embalsamado. La paloma de Picasso. Una perdiz muerta en un cuadro de Caravaggio. Las gaviotas de García Montero que esperan «canciones de borrachos en el puerto». Unas cotorras despistadas, dos tórtolas divorciadas, la vieja Caponata, un petirrojo y un carpintero que picotea sobre los lomos de un roble desplumado las crónicas del desencanto. Un bestiario de nuestros días.

La vida es una jaula repleta de humanos con alma de pájaro. Humanos que a veces, algunas veces, alzan el vuelo con la esperanza de escapar. Aunque, como el gallo de Chagall, al final todo queda en nada. Sueños alados. Besos enjaulados.

Jesús Trelis, El Comecocos. Las Provincias, 6 de octubre de 2012.

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Cohetes hasta la luna

Se preguntaba el periodista del periódico Levante, Paco Piera, si le dolería a la luna el pisotón de Neil Amstrong aquel 20 de julio de 1969, o le dolerá especialmente estos días, quizá, creo yo…

Del significado de aquella proeza, recuerdo especialmente una cita cinematográfica de Billy Wilder en la genial “Sabrina” en la cual el chófer de los Larraby le contestaba a su hija que se creía incapaz de alcanzar la luna (casi de forma condescendiente ante la impotencia y resignación de la joven) algo así como: “estamos en el siglo XX, querida, hoy en día se construyen cohetes que vuelan hasta la luna”.

El periódico “El Mundo” reproduce hoy la última entrevista concedida por el astronauta…

“Un día, alguien va a volver a la Luna y recogerá la cámara que dejé”
El exastronauta recordaba, el pasado mes de mayo, el angustioso descenso al mar de la Tranquilidad aquel 20 de julio de 1969
PAUL GALLAGHER 26 AGO 2012 – 20:15 CET8
Archivado en: NASA Neil Armstrong Astronautas Agencias espaciales Astronáutica Gente

No era el escenario en el que Neil Armstrong se imaginaría dando su última entrevista a principios de este año. Pero tal vez fuera apropiado, teniendo en cuenta sus logros. En mayo, la asociación de auditores de cuentas de Australia se aseguró casi una hora del tiempo del ex astronauta para hablar de su expedición a la luna en 1969. El artífice de la exclusiva fue el consejero delegado Alex Malley, que apeló al historial familiar de Armstrong, cuyo padre había trabajado como auditor para el gobierno estatal de Ohio. Armstrong, que solo concedía entrevistas en raras ocasiones, obsequió a su público con la noticia de que él pensaba que el Apolo 11, que les llevó a él, Buzz Aldrin y Michael Collins a la luna, solo tenía un “50% de probabilidades” de aterrizar de manera segura en la superficie y un 90% de probabilidades de regresar a casa. Declaró que era “una lástima” que las actuales ambiciones del Gobierno estadounidense para la NASA, el organismo espacial estadounidense, fueran tan reducidas en comparación con las hazañas que consiguió en la década de los sesenta.

Neil Armstrong en Valencia, en 2005. / JOSÉ JORDÁN (AFP) (EL PAÍS)
“La NASA ha sido una de las inversiones públicas que más éxito ha tenido a la hora de motivar a los estudiantes para esforzarse y conseguir todo lo que pueden conseguir”, añadía Armstrong . “Es una pena que estemos llevando el programa por un camino que reducirá la cantidad de motivación y estímulo que proporciona a los jóvenes”. Afirmó que el carácter cortoplacista del proceso de toma de decisiones estaba haciendo un flaco favor al organismo, y remachaba: “Estoy bastante preocupado por las orientaciones políticas del organismo espacial. En Estados Unidos se da la situación de que la Casa Blanca y el Congreso están enfrentados respecto a cuál debería ser el rumbo futuro. Es como si estuvieran jugando a un juego y la NASA fuera la pelota que se lanzan unos a otros”.

Armstrong habló abiertamente de sus padres, de la fascinación que sentía de niño por la idea de volar y de sus experiencias como piloto de aviones de combate en la guerra de Corea. También expresó su particular visión del destino en su trabajo como piloto de pruebas y astronauta, y confesó que se negaba a preocuparse sobre misiones futuras porque pensaba que algo saldría mal antes y estaría más ocupado activando el asiento eyectable o afanándose en arreglar la válvula.

“No estábamos ahí para meditar. Estábamos ahí para hacer cosas”
A medida que se acercaba el día del lanzamiento, contaba el exastronauta, los preparativos transcurrían según el calendario previsto. “Un mes antes del lanzamiento del Apolo 11, decidimos que nos sentíamos confiados como para probar e intentar… descender hasta la superficie”. Armstrong recordaba el momento en que recibió la llamada para preguntarle si el resto de la tripulación del Apolo 11 estaba preparado para aterrizar en la luna. “Los jefes me preguntaron si creía que yo y mis chicos estábamos preparados. Les dije que estaría bien tener otro mes, pero era una carrera y teníamos que aprovechar la oportunidad cuando se nos presentaba. Tuve que decir que estábamos preparados, que estábamos listos”. Describió el angustioso descenso de 12 minutos a la luna, cuando se dio cuenta de que el piloto automático del módulo lunar Eagle estaba preparándose para posar a la tripulación en la pendiente de un inmenso cráter lunar. “El ordenador nos mostraba dónde pretendía aterrizar, y era un sitio muy malo, en un lado de un gran cráter de entre 100 y 150 metros de diámetro con pendientes muy pronunciadas cubiertas de pedruscos enormes; un sitio nada bueno para aterrizar”, puntualizaba. Armstrong asumió el control manual de la nave y se las ingenió para que aterrizara como un helicóptero en una zona menos accidentada un poco más al oeste cuando solamente les quedaban 20 segundos de combustible.

En cuanto a lo de “este es un pequeño paso para [un] hombre, un salto gigante para la humanidad”, Armstrong explicaba que no pensó en esas palabras hasta después de que aterrizaran sanos y salvos.

Sobre el tiempo que pasó en la superficie de la luna, decía: “Fue especial y memorable, pero solo duró un instante, porque había trabajo que hacer. No estábamos ahí para meditar. Estábamos ahí para hacer cosas. Así que nos pusimos manos a la obra”.

Armstrong tuvo tiempo también para responder a la pregunta favorita de los teóricos de la conspiración: ¿fue un montaje el aterrizaje en la luna? “A la gente le encantan las teorías de la conspiración”, replicó. “Me refiero a que son muy atrayentes. Pero nunca me han preocupado porque sé que, un día, alguien va a volver allí arriba y recogerá la cámara que dejé”.

El Hibris y la desmesura

Me van a permitir que comparta un concepto desarrollado por David Bernardo López Lluch, subdirector del Departamento de Economía Agroambiental, Ingeniería Cartográfica y expresión gráfica de la Ingeniería de la Universidad Miguel Hernández. El profesor se lo ha pasado bomba disertando sobre el Hibris griego y la desmesura, con el síndrome de Hubris tan frecuente en estos tiempos en los ámbitos de poder.

Estas son sus reflexiones:

“Muy interesante…el síndrome de Hubris… o Hibris en griego… Si es que los griegos no fallan…
Los griegos tenían este término para hablar del comportamiento humano caracterizado por la arrogancia desafiante frente a los dioses, por una ambición desmesurada que, temeraria e insolentemente, cree que puede obtener más que aquello que el destino le permite… Pero los dioses castigan el Hubris como demuestra Ícaro cayendo con las alas derretidas camino al sol, y sobre todo Prometeo encadenado para siempre a una alta montaña por haber engañado a Zeus y robado el fuego a los dioses y regalarlo a los mortales.
¿Cómo es posible la desmesura desafiante a los dioses?. Los dioses son los responsables, creen los griegos; ellos ciegan y enloquecen al ser humano que quieren perder haciéndole invisible la desmesura de su conducta.
¡¡¡Me encanta el concepto!!!
Es, parece ser, una sensación de súper-ego que hace que el comportamiento quede alterado, que la visión de la realidad quede completamente distorsionada. A veces, las personas con poder toman decisiones absurdas para todo el mundo, incluso para sus asesores más cercanos…
Las personas que lo padecen se encuentran en puestos de poder. Suelen ser políticos, dado que los poderosos en otros ámbitos de la sociedad suelen llegar a la cumbre por méritos propios, por ser personas válidas, inteligentes… Algo que no es imprescindible para llegar a la cumbre en política, donde se valoran también el carisma personal, la suerte o la oportunidad del momento.
Cuando un político llega al poder se pregunta si será capaz de llevar a cabo su tarea, si su puesto “le vendrá grande”… O si será posible que maneje con precisión tantos hilos. Con el paso de los días va viendo como las cosas empiezan a encajar, la gente le felicita por la calle, los compañeros le dan la razón en todo y sus decisiones son respetadas y obedecidas, aunque en un principio le pareciesen estupideces. Constantemente es reclamado por los medios de comunicación y su nivel económico y social mejora cada día, a cada momento crece su fama, su poder y su confianza en sí mismo. Llega un momento en que ésto se le va de las manos. Y aquí es cuando sucumbe al síndrome Hubris… Se caracterizan por el desprecio absoluto por los consejos de quienes les rodean, exagerada confianza en sí mismos y alejamiento progresivo de la sociedad…
Cuando el político cae en esta enfermedad, comienza a tomar decisiones que no están meditadas y desoyendo los consejos de sus inmediatos. Comete errores. Baja la guardia y se creen “llamados a realizar grandes hazañas”… Emprenden proyectos de duración muy superior a su mandato, realizan obras faraónicas, con la fe de quedar en los anales de la historia. Casi como u a obligación de dejar su “sello” durante su mandato…
Llega a no contemplar la posibilidad de perder, y a veces, cometen errores garrafales a pocas semanas de las elecciones, seguros de poder dominar cualquier situación. Al tiempo de sufrir el síndrome Hubris la cosa empeora. Comienzan a padecer lo que se llama “desarrollo paranoide”, es decir, que todo aquel que no esté de acuerdo con sus opiniones se convierte automáticamente en su enemigo personal… Esto puede derivar en delirios paranoides o trastornos delirantes, que les lleva a pensar que todo el mundo está en su contra… Esto hace que se aísle aún más de la sociedad…”.

Pertenecer

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Pertenecer a alguien, a un sentimiento, a una persona, a un lugar…

Se siente y no hay nada ni nadie que pueda con ello. Son intocables.

Pertenecer al lugar, a los lugares, a la gente, a las ideas con los que y en los que creciste…

A la familia, a tu pareja después de haber compartido mucho, a tus hijos ante todo, a tus cosas de siempre, a lo que quieres porvenir, a tus amigos, los que mantienes, los que te gustaría mantener, los que perdiste… A aquellos que perdiste y ya no volverán, a los que no puedes tener a comer todos los domingos, a quienes cada vez tienes menos tiempo para poder disfrutar. A tus errores y de los tuyos, a tu pasado más o menos olvidado, a tu ansiado futuro.

A una empresa de toda la vida, a un equipo de fútbol, a una Comparsa o Falla, a un Club Social

Son intocables, a veces más de lo que deberían ser. O no…

¿Usted que cree?.

Esperando un eclipse, cántaro roto, te convierto en canción

Me gustaba en La Bola de Cristal junto a su hermano, en Radio Futura, y aún me gusta más en solitario como Juan Perro.
Escuchar a Santiago Auserón es un acierto en cualquier momento, suyo, o mío.

Una de mis preferidas, “Estatua del jardín botánico”,

Ha dicho a través de un bolero que ya “No más lágrimas”.

Ha cantado junto a Malevaje la “Milonga sentimental”.

Ha versionado temas tan increíbles como “Titiritero” de Serrat.

Se ha dejado llevar por los ritmos brasileiros en “Pájaro de Siracusa”.

Y por las músicas de Nueva Orleans en “La reina Zulú”.

Aún hay más con letras tan fantásticas como “Esta tierra no tiene corazón”, “Cántaro roto”, “Sólo el vino” o “Te convierto en canción”.
Está escribiendo un libro sobre la negritud en la música española…

Esta noche salió el Sol, Malasaña

Hay gestos, que aunque infructuosos de per sé, son necesarios….

Malasaña, de Juan Perro: “dos de mayo, poco importa de qué año.. “

Universidad es un barrio perteneciente al distrito Centro de Madrid cuyo sobrenombre al tal barrio céntrico fue el barrio de las Maravillas, que más tarde pasó a llamarse coloquialmente Malasaña. La zona de Maravillas está en la zona este del barrio Universidad, y está limitada por la Gran Vía, la calle Fuencarral, la calle de la Princesa y la calle Alberto Aguilera y calle Carranza.

La zona es conocida por su ambiente alternativo y su vida nocturna, que hace que se compare a este barrio con el Camden Town de Londres, el East Village de Nueva York, Baixa do Porto de Oporto o Kreuzberg en Berlín.
Emplazada entre Chueca y Argüelles, Malasaña fue el centro de la llamada Movida madrileña de los años 70 y años 80 considerándose lugares de culto bares como La Vía Láctea y El Penta, existentes en la actualidad. En esa época se podía ver por allí paseando a una joven Alaska con el pelo morado o a los miembros de Radio Futura.

Por las noches, las calles de Malasaña se llenan de gente, muchas de ellas en los parques practicando el llamado botellón, o en los numerosos bares y pub existentes en la zona. Algunas de estas actividades han suscitado críticas por parte de los vecinos del barrio, que se quejan del ruido y la suciedad que originan los visitantes.
El ambiente del barrio no invita a la presencia de grandes discotecas, frente a la abundancia de pequeños locales, más adecuados para escuchar los estilos de música rock y punk que predominan en Malasaña.

El barrio debe su nombre a la Iglesia de Nuestra Señora de Las Maravillas (o de los Santos Justo y Pastor), pero el sobrenombre le llega a raíz de la calle de la joven costurera Manuela Malasaña, asesinada por las tropas napoleónicas durante las jornadas de brutal represión posterior al Levantamiento del 2 de mayo de 1808, bajo la acusación de “portar armas” en referencia a las tijeras propias de su profesión que llevaba consigo cuando fue arrestada. Su cuerpo fue enterrado en el Hospital de la Buena Dicha en la calle de Silva.
En el centro del barrio se sitúa la Plaza del Dos de Mayo, ubicada en el antiguo emplazamiento del Parque de Artillería de Monteleón, lugar donde se produjo la resistencia de los únicos militares que se levantaron en armas dirigidos por Luis Daoíz y Pedro Velarde.
Otros lugares del recuerdo del barrio son La Gata Flora, Mastropiero, el bar de Felipe, el Mesón Andino, el Café Pepe Botella, la churrería de la calle San Andrés, la Flor del Olivo y la Farmacia del sello Juanse.