La montaña cruel

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La montaña a veces es cruel con quien la ama. Han encontrado sin vida los cuerpos de dos montañeros de camino a la cumbre del Montblanc tras sucumbir ante una fuerte ventisca. El hombre, español, de Coslada, experimentado en alta montaña, había culminado durante años con éxito cimas de todo el mundo.

El pasado jueves fueron encontrados del mismo modo los integrantes de una expedición internacional de nueve personas tras el paso de una avalancha. Dicen quienes lo viven, que la alta montaña engancha… ‘Llegar a la cima’ significa mucho más que un simple reto o forzar los límites, las fuerzas, más lo que pueda caber en una expresión popular…

El Mont Blanc (en francés) o Monte Bianco (en italiano) (Monte Blanco en español) es la montaña granítica culminante de los Alpes, con una altura oficial de 4 810,45 m (según la última medición en septiembre de 2009).1 Es el punto más elevado de Europa Occidental y uno de los más altos del resto de Europa, superado sólo por varias montañas de Rusia y Georgia como el Elbrus de 5 642 m.3
El Mont Blanc, rodeado de valles con numerosos glaciares, forma parte del macizo homónimo que se extiende entre las demarcaciones del Valle de Aosta, en Italia, y de Alta Saboya, en Francia. Las ciudades más habitadas cerca del Mont Blanc son Chamonix-Mont-Blanc y Saint-Gervais-les-Bains, situadas en Francia, y Courmayeur en Italia.4 5
La situación de la cima es compartida entre Italia y Francia por un tratado internacional de 1860, aunque desde entonces se mantiene cierta controversia y diferentes fuentes cartográficas atribuyen enteramente la ubicación a uno de ambos países. Así, los mapas del Instituto Geográfico Nacional de Francia incluyen toda la cumbre dentro de las propias fronteras, lo que contrasta con el mapa geográfico del Archivo de Estado de Turín, según el cual la cima es íntegramente italiana.6
Numerosos glaciares se encuentran a su alrededor: al sur los glaciares de Freney, de La Brenva, de Miage, del Mont Blanc y de Brouillard, y al norte, los glaciares de Bossons y de Taconnaz. En 1957 se inició la construcción del túnel de Mont Blanc (se terminó en 1965), que tiene 11,6 km de largo y es una de las mayores rutas de transporte transalpina, ya que une a Italia y Francia.7 El macizo del Mont Blanc es la cuna del alpinismo, las expediciones empezaron hacia el siglo XVIII, siendo un destino de referencia en Europa para la práctica del senderismo, el esquí y el snowboarding.

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Principio de Arquímedes

Circulaba por Periodismo un artículo de Manuel Vicent, que por aquel entonces contaba con la columna de la contraportada de ‘El País”. Yo no he sido excesivamente fan de Vicent, pero de vez en cuando he recordado aquel trozo de papel y sus fotocopias circulando de fila en fila por la clase. Lo trajo Angélica. Ayer me acordé de él en varias ocasiones…

Aquí lo tienen, puro papel reciclado, de 1990, en versión digital:

http://elpais.com/diario/1990/11/11/ultima/658278001_850215.html

El síndrome de la rana

“Las fábulas, los símbolos, las historias, las parábolas, las alegorías, los cuentos han sido siempre excelentes técnicas para explicar, enseñar y transmitir ideas. He leído en algún lugar que la distancia más corta entre una persona y la verdad es un cuento. No sé si este aserto se podrá demostrar científicamente pero, por si fuera cierto, voy a utilizar para el comentario de hoy una curiosa metáfora.
Olivier Clerc, especialista en bienestar y desarrollo personal nacido en Ginebra y afincado hoy en Borgoña, escribió en el año 2005 un libro titulado “La rana que no sabía que estaba hervida… y otras lecciones de vida”. En la introducción dice el autor que “todo es lenguaje, que todo nos habla”. Entre las historias que plantea una lleva el título del libro. Y a ella me voy a referir. Parece ser que esta alegoría fue propuesta por primera vez en el libro de Marty Rubin “The boiled Frog Syndrome”, publicado en 1987.
Imaginen una cazuela llena de agua, en cuyo interior nada tranquilamente una rana. Se está calentando la cazuela a fuego lento. Al cabo de un rato el agua está tibia. A la rana esto le parece agradable, y sigue nadando. La temperatura empieza a subir. Ahora el agua está caliente. Un poco más de lo que suele gustarle a la rana. Pero ella no se inquieta y además el calor siempre le produce algo de fatiga y somnolencia.

Ahora el agua está caliente de verdad. A la rana empieza a parecerle desagradable. Lo malo es que se encuentra sin fuerzas, así que se limita a aguantar y no hace nada más. Así, la temperatura del agua sigue subiendo poco a poco, nunca de una manera acelerada, hasta el momento en que la rana acaba hervida y muere sin haber realizado el menor esfuerzo para salir de la cazuela.
Si la hubiéramos sumergido de golpe en un recipiente con el agua a cincuenta grados, ella se habría puesto a salvo de un enérgico salto.
“Es un experimento rico en enseñanzas, dice el autor. Nos demuestra que un deterioro, si es muy lento, pasa inadvertido y la mayoría de las veces no suscita reacción, ni oposición, ni rebeldía”.
Pondré varios ejemplos para aplicar esta conclusión que nos ofrece Oliver Clerc. Una de ellas es lo que sucede con el deterioro del amor inicial, tan intenso y emocionante muchas veces. Poquito a poco, detalle a detalle, se va desvaneciendo hasta desaparecer. ¿Cómo es posible, se preguntan los amantes, que hayamos llegado a este punto? Ese punto es la indiferencia más absoluta o la agresión más violenta que uno pueda imaginar. Se han ido acumulando silencios, displicencias, rencores, incomprensibles, malas contestaciones, pequeñas agresiones… hasta llegar a ese momento en que la convivencia resulta imposible. Nadie podría decir que esa pareja empezó a funcionar mal a las tres de la tarde del día 24 de enero.
Pienso algunas veces en el camino que sigue un niño, desde su inicial inocencia, hasta llegar a convertirse en un sanguinario terrorista. ¿Qué ha pasado? No es imaginable siquiera que, de un segundo para otra otro, quien era tierno e ingenuo se convierta en una fiera sin escrúpulos ni sentimientos. El individuo ha ido sufriendo una degradación progresiva, probablemente imperceptible, pero de resultados espectaculares.
Lo mismo sucede en la salud, que llega deteriorarse de forma tan lenta e invisible como segura. La enfermedad es una consecuencia de la alimentación desvitalizada e industrializada, cargada de grasas y tópicos. Lo cual se une a la falta de ejercicio, al estrés y a una gestión desafortunada de las emociones. Qué decir del cáncer de pulmón que sobreviene después de muchos años de fumar de manera continuada.
Esta degradación silenciosa, constante e imperceptible se produce también, a veces, en la vida profesional. Un profesor que comenzó su tarea cargado de ilusión acaba maldiciendo su suerte y aborreciendo lo que hace. ¿Cómo se ha pasado de un inicial comienzo ilusionante a este final pesimista? De forma callada y persistente. Un retraso, una baja fraudulenta, unos días sin esfuerzo, una reacción incontrolada, unos comentarios desagradables… Y, poco a poco, se acaba en un agujero negro que dista mucho del primer fulgor.
El síndrome de la rana también se puede aplicar al ámbito social. Hay sociedades en las que, en un tiempo, se vivía en función de valores acendrados. Pero, poco a poco, se van perdiendo las referencias éticas y un ciudadano de la primera época no se podría reconocer en la situación a la que sin pensarlo se ha llegado. Año tras año, día tras día, hora tras hora prosigue la degradación. Una creciente proliferación de la vulgaridad, de la grosería, de la falta de respeto hacen que nos sumerjamos en un clima éticamente irrespirable. ¿Cómo se ha pasado el la vida de aquellos pueblos en los que se dejaban las puertas abiertas a esta inseguridad que no eliminan ni los cerrojos, ni las alarmas ni la policía pública y privada?
La falta de reacción se debe a que el deterioro de paso lento es casi imperceptible. Por eso debemos estar siempre en situación de alerta. Oliverc Clerc nos dice en su obra: “Lo que nos enseña la alegoría de la rana es que siempre que existe un deterioro lento, tenue, casi imperceptible, tan solo una conciencia muy aguda o una memoria excelente permiten darse cuenta de ello, o bien un patrón de referencia que haga posible valorar el estado de la situación”.
Tres soluciones complejas, que no es fácil ejercitar de forma permanente y efectiva. La primera consiste en ejercitar la conciencia, sin la cual estaremos dormidos en el sentido estricto o figurado. La segunda es el ejercicio de la memoria. Sin memoria no hay comparación, no hay discernimiento. La tercera es la utilización de termómetros referenciales. La rana que está sumergida en el agua carece de un patrón de referencia. ¿Cuáles son los criterios en los que basamos nuestra salud emocional, nuestro clima ético, nuestro estado de salud? Cuando uno se quiere pesar, lo primero que hace es comprobar que la báscula está a cero. De lo contrario, ¿qué fiabilidad tendría la medida? Pobre rana. Inconsciente, amnésica y embotada, no le queda más que esperar la cocción. Pobres de nosotros si perdemos la capacidad de reaccionar ante el deterioro paulatino e imperceptible”.

Los últimos de Filipinas, también de Canals

El primer reportaje que recuerdo haber hecho fue un encargo para Ciencias Sociales en séptimo de EGB. No puedo precisar si fue Don Salvador o Don Luis quien nos separó por grupos y nos encargó al mío en el que estaban Cristina y Mari Nieves y Eva, la ardua labor de averiguar qué relación tenía esta hazaña del Noventayocho español (1898) con Canals.

Los Últimos de Filipinas es el nombre por el que se conoce a los soldados del ejército español que lucharon en el sitio de Baler contra los independentistas filipinos, en la guerra creada por Estados Unidos para la conquista de las últimas colonias españolas en ultramar (Cuba y Filipinas), en lo que fue la Guerra Hispano-Estadounidense, también conocida en España como «el desastre del 98». Parece ser que dos de aquellos aguerridos soldados de la armada española eran canalenses. Recuerdo poco más, yo tenía 12 años cuando elaboramos aquel repor, pero disfruté mucho. Hablamos con el cronista de Canals, Ramón Arnau, con los descendientes de los soldados…, nos enseñaron fotos, documentación…

Documental de la época, imágenes y fotografías

Hubo película para recordar aquel punto de inflexión de la Historia española, en que caía el último bastión del Imperio, dirigida por Antonio Román y estrenada en 1945. La historia parte de un guion radiofónico de Enrique Llovet y de otro de Enrique Alfonso Barcones y Rafael Sánchez Campoy. Se narra el heroísmo de la guarnición española de la aldea costera de Baler, en Luzón. En el verano de 1898 el capitán chiclanero Enrique de las Morenas y Fossi y una cincuentena de soldados quedan sitiados en la iglesia de Baler por los insurrectos. El sitio dura casi un año, hasta meses después del Tratado de París, cuando las Filipinas dejaron de ser territorio español.

Yo te diré, Nani Fernández hizo famosa la canción, que ha quedado identificada con el valor heroico de los últimos en luchar por la última colonia española.

Épica y lírica

Tenía pensado empezar esta sección de otra forma, pero me gustaría compartir algunas de las reflexiones que un queridísimo profesor de la Facultad me hacía ayer:

“El desánimo agosta más que la sequía. Nunca corrieron buenos tiempos para la lírica pero es que, además, nuestros días van revistiéndose de la épica de la supervivencia. Trato de explicar a mis alumnos de Ciencias Políticas (hace algunos años me echaron de Ciencias de la Información) el alcance imprevisible de los acontecimientos que vivimos. No se trata, únicamente, de las turbulencias permanentes entre las que nos movemos. Ni de la estatuida precariedad de los ingresos o la provisionalidad de las situaciones. Ni de la práctica imposibilidad de anticipación del futuro inmediato. Trato de advertirles de la normalidad que adquiere el sufrimiento (algunos prefieren decir “sufrimiento social”) cuando ensancha su radio de acción de modo tan implacable, de la fortaleza que adquiere con cada efecto de sumisión, del añadido trágico cuando se hace próximo. Estoy viendo a demasiados amigos (gente “normal”, como yo mismo y los que me rodean) en el desempleo, en la ruina, en la desesperanza pensada, sin expectativas. He de celebrar, por eso mismo, tu iniciativa. Ese blog que abres puede resultar en algo que te permita remontar el vuelo: la negación de la derrota”.

No hace falta decir más para empezar…