Espacios sin niños

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Hay que reconocer que los hábitos en la mesa son difíciles de inculcar y costosos de seguir, toda una ceremonia y ritual que los más pequeños tardan en entender y más aún en practicar y en público viene a sumir a los padres en un estado de agobio extensivo al resto del establecimiento. El abordar la atención que requieren las familias y les ‘petits convives” continua provocando reacciones hosteleras de lo más diversas.

La segmentación del mercado, el intento por encontrar un elemento diferenciador respecto al resto de la competencia lleva al extremo algunas situaciones como la ya existente en los Estados Unidos en donde los conocidos como restaurantes y hoteles dentro de un “espacio sin niños” ofertan un local sin ruido, al menos sin el provocado por cubiertos cayendo de la mesa, alguna copa rota, inevitables chillidos y tropiezos con el camarero o los clientes en la recepción o las probables intromisiones en mesa ajena por no hablar de los enormes carritos de bebé que deberían ocupar plaza en el aparcamiento.

El largo etcétera de todos conocido (cómo se atreverán a salir de casa, debe pensar más de uno), te hace pensar que la iniciativa seguramente podría tener su público y no no te resulta difícil imaginar la existencia de parejas, grupos de amigos y ejecutivos que busquen un rato de sosiego gastronómico y conversación o un fin de semana en un hotel sin niños -ni tuyos ni de nadie-, sin tener que escuchar la familiar llantina que inconscientemente te pone en alerta, aunque de sobra sepas que no se trata de tu prole.

Y te acuerdas de la película en donde Melanie Parker (Michelle Pfeiffer) trabaja como arquitecta en Nueva York mientras cría a su único hijo. En “Un día inolvidable” o “One fine day” interpreta a una mujer dedicada íntegramente a su trabajo mientras Jack Taylor (George Clooney) es un periodista divorciado que también tiene que hacerse cargo de su hija. El destino o un dia terrorífico en que se prestan mutuo apoyo con los niños hará que ambos se encuentren. Divertida y tierna, como la vida misma, y con ratos de locura también, te gusta cómo refleja una jornada de estrés en donde la ajetreada vida de sus mayores no parece dejar a penas un hueco para los más pequeños.

La polémica nuevamente está sobre el mantel, impoluto, eso sí. Hay quienes no gustan de hacer piruetas con la prole, sino tampoco verlas hacer al prójimo. La Federación de Hosteleros de España defiende los intereses del sector y nuevos nichos de mercados mientras las Asociaciones de familias numerosas se oponen a ello por considerarlo una discriminación a la infancia y a las familias en sí aunque poca presión real puedan hacer al respecto. Parece la revancha y hartazgo ante los espacios especialmente habilitados y las facilidades de la gran mayoría de establecimientos hoteleros y de restauración.

Qué aséptico todo. Qué aburridamente formal.

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Mentiras oficiales, la jungla de la ‘realidad’

Las versiones oficiales no son de fiar nunca. Suelen tener como objetivo principal y a veces único esconder disimuladamente precisamente lo que se supone están contando, la realidad de los hechos. Partiendo de la premisa de que la objetividad no existe pero sí hay libertad de expresión, cada uno dice lo que le place, ateniéndose a las consecuencias o sin atenerse a ellas porque puedes decir lo que le da la gana sin ningún tipo de cortapisa. Terreno resbaladizo… Si quieren prueben a ver qué pasa… ¡Qué vértigo!.

En el arte de la información o desinformación hay quien cree tan sumamente bobalicón al receptor del mensaje que llega a relatar e intentar convencer justamente de lo contrario de lo que sucedió en un momento dado, pero no se puede esconder la verdad porque ésta también siempre acaba saliendo a flote como el corcho o los cabezas de chorlito que se creen impunes. No lo somos nadie y los periodistas menos y no sirve de excusa eso de matar al mensajero.

En mi modesta trayectoria de periodista/plumilla he huido de los gabinetes oficiales de prensa en casi todas las ocasiones en que me ha sido posible, salvo excepciones. Siempre les he comparado con lo que dice de puertas hacia fuera una madre o una abuela. Pueden haber diferentes niveles de verdad para públicos diferentes, a cada grupo un nivel de verdad o una versión, según. A improvisar sobre la marcha deberían aprender algunos altos ejecutivos de renombradas empresas en crisis de estas señoras de toda la vida procurando por la imagen e intereses familiares ante la crueldad de la calle… He conocido a verdaderas artistas (y las que me quedarán por conocer) sin más asesores que la necesidad, la inteligencia y el sentido común. Hay que leer entre líneas y a veces hasta comprenderlas. O esquivarlas si puedes. También.

Esto suele pasar porque el emisor subestima a quienes se toman la molestia de escucharle. Es entonces cuando el público lector, televidente o radiooyente se presta al ‘juego’ diario de buscar con lupa, descartar pistas falsas, encontrar resquicios de autenticidad por aquí y por allá… Es como prestarse a ser durante un ratito Sherlock Holmes o Jessica Fletxer, un juego diario que a muchos les sube la adrenalina más que una partida de mus o un trozo de chocolate pero que acaba convirtiéndose en una espiral terriblemente peligrosa y las más de las veces inmoral… y aahhh, si cuela ofrece grandes beneficios de todo tipo. Como es natural viene provocando suspicacias, hartazgo e incluso justificado cabreo en el receptor.

El lavado de imagen de la pseudomentira (o lo que viene a ser lo mismo las ‘verdades a medias’), me provoca rechazo y asco en todas las ocasiones sin excepción. No soporto que me intenten ‘vender la burra’. Hay maneras honestas de hablar lo mejor posible de algo o alguien sin tergiversar. Siempre he creído que cuando no se puede hablar, la mejor opción es callar o hablar de otra cosa. Ahí los mediterráneos lo llevamos fatal. Por otro parte hundir la reputación de alguien es tan, tan fácil por aquello de que “cuando el río suena”… Si donde nos situamos es en el lugar del otro hemos de aprender a obviar los rumores y ataques necios que no intentan más que desestabilizar escondiendo tras de sí oscuros objetivos e incluso (¡oh, vaya!) oscuros sentimientos.

Sí, mentir es todo un arte… un ejercicio antiguo de ‘sofisticación’ cada día más en boga con esto de la jungla y el todo vale por la supervivencia. Ahora habría qué ver qué entiende cada uno como pretexto para desplegar el extenso, variado y rico elenco de maniobras y estrategias informativas. O desinformativas. Quizá por eso nos gusten tanto las películas de espionaje y contraespionaje llenas de agentes dobles de quienes nunca sabes de qué lado están a parte del suyo propio en cada momento, adaptándose al medio, adelantándose a él. O las de locos insensatos luchando contra los engranajes del sistema desde diferentes ámbitos para desentrañar ‘la gran verdad’ de lo que sea. Pobres ilusos. Algunos van y hasta lo consiguen para perpetuar el mito.

Yo plantearía a los cineastas nuevos escenarios para este tipo de guiones. A veces imagino un ‘topo’, por ejemplo de Génova en Ferraz y viceversa y me parto… y de seguro que los hay… O en instituciones generales del Estado como el Parlamento, la Policía o la Judicatura… O en el Consejo de redacción de algún periódico o televisión pública o privada.

Quizá por eso haya quien disfrute como un/a bellaco/a entrando al trapo, prestándose al juego, urdiendo falacias, esquivando las del contrario, dejándose arrastrar, tirándose al lodo.
Quizá por eso haya gente que mida tanto lo que dice y en dónde lo dice, o que opte por hablar cada vez menos, o por jugar al despiste… O por pasar de la imagen pública, porque una vez estás, estás para todo. Callando cuando no debieran o debiendo hacerlo.

La mentira, el bulo, la maledicencia, la tomadura de pelo, circulan, campan libremente a sus anchas en medio de un ‘marco favorable’ de conveniencias sociales y personales sin freno. Y es que la mentira (amparada en la ‘libertad de expresión’, difícilmente evaluable) no está penada. De algún modo todavía sí lo está socialmente, afortunadamente, aunque cada vez menos.

Seguro que por todo ello la gente de la calle no se crea ya nada o casi nada. Del jefe/a, del cuñado/a, del vecino/a, de algunos amigos/as, de las habladurías, de su periódico. De nadie o casi nadie. La autenticidad es un bien cada vez más escaso y que más caro se precia, o más barato, después de hundirla en el lodo, por pretenciosa.

¡Sálvese quien pueda!.
Es la jungla de la ‘realidad’.

Viva la república independiente de tu casa

De todas las campañas publicitarias que he visto en los últimos tiempos, esta es la que màs me gusta, sin lugar a dudas…

Donde caben dos, caben tres.

Tengo derecho a mi fiesta.

Hoy, sólo unos años después, ésto suena un poco a cachondeo… No es más rico quien más tiene…

El Hibris y la desmesura

Me van a permitir que comparta un concepto desarrollado por David Bernardo López Lluch, subdirector del Departamento de Economía Agroambiental, Ingeniería Cartográfica y expresión gráfica de la Ingeniería de la Universidad Miguel Hernández. El profesor se lo ha pasado bomba disertando sobre el Hibris griego y la desmesura, con el síndrome de Hubris tan frecuente en estos tiempos en los ámbitos de poder.

Estas son sus reflexiones:

“Muy interesante…el síndrome de Hubris… o Hibris en griego… Si es que los griegos no fallan…
Los griegos tenían este término para hablar del comportamiento humano caracterizado por la arrogancia desafiante frente a los dioses, por una ambición desmesurada que, temeraria e insolentemente, cree que puede obtener más que aquello que el destino le permite… Pero los dioses castigan el Hubris como demuestra Ícaro cayendo con las alas derretidas camino al sol, y sobre todo Prometeo encadenado para siempre a una alta montaña por haber engañado a Zeus y robado el fuego a los dioses y regalarlo a los mortales.
¿Cómo es posible la desmesura desafiante a los dioses?. Los dioses son los responsables, creen los griegos; ellos ciegan y enloquecen al ser humano que quieren perder haciéndole invisible la desmesura de su conducta.
¡¡¡Me encanta el concepto!!!
Es, parece ser, una sensación de súper-ego que hace que el comportamiento quede alterado, que la visión de la realidad quede completamente distorsionada. A veces, las personas con poder toman decisiones absurdas para todo el mundo, incluso para sus asesores más cercanos…
Las personas que lo padecen se encuentran en puestos de poder. Suelen ser políticos, dado que los poderosos en otros ámbitos de la sociedad suelen llegar a la cumbre por méritos propios, por ser personas válidas, inteligentes… Algo que no es imprescindible para llegar a la cumbre en política, donde se valoran también el carisma personal, la suerte o la oportunidad del momento.
Cuando un político llega al poder se pregunta si será capaz de llevar a cabo su tarea, si su puesto “le vendrá grande”… O si será posible que maneje con precisión tantos hilos. Con el paso de los días va viendo como las cosas empiezan a encajar, la gente le felicita por la calle, los compañeros le dan la razón en todo y sus decisiones son respetadas y obedecidas, aunque en un principio le pareciesen estupideces. Constantemente es reclamado por los medios de comunicación y su nivel económico y social mejora cada día, a cada momento crece su fama, su poder y su confianza en sí mismo. Llega un momento en que ésto se le va de las manos. Y aquí es cuando sucumbe al síndrome Hubris… Se caracterizan por el desprecio absoluto por los consejos de quienes les rodean, exagerada confianza en sí mismos y alejamiento progresivo de la sociedad…
Cuando el político cae en esta enfermedad, comienza a tomar decisiones que no están meditadas y desoyendo los consejos de sus inmediatos. Comete errores. Baja la guardia y se creen “llamados a realizar grandes hazañas”… Emprenden proyectos de duración muy superior a su mandato, realizan obras faraónicas, con la fe de quedar en los anales de la historia. Casi como u a obligación de dejar su “sello” durante su mandato…
Llega a no contemplar la posibilidad de perder, y a veces, cometen errores garrafales a pocas semanas de las elecciones, seguros de poder dominar cualquier situación. Al tiempo de sufrir el síndrome Hubris la cosa empeora. Comienzan a padecer lo que se llama “desarrollo paranoide”, es decir, que todo aquel que no esté de acuerdo con sus opiniones se convierte automáticamente en su enemigo personal… Esto puede derivar en delirios paranoides o trastornos delirantes, que les lleva a pensar que todo el mundo está en su contra… Esto hace que se aísle aún más de la sociedad…”.

El tipo que inventaba noticias falsas

Anteayer el periódico “El Mundo” hablaba de Tomasso De Benedetti, el hombre que inventa noticias falsas y que asegura haber escrito el polémico tuit de la pareja de Hollande.

“Especialista en dar noticias falsas. Ese es la profesión que debería figurar en las tarjetas de visita de Tomasso De Benedetti, un italiano de 43 años, padre de familia, hijo de periodista, nieto de crítico cultural y que se gana la vida dando clases de literatura en un colegio del centro de Roma.

Este hombre culto, refinado y un poco excéntrico se dedica desde hace años a publicar entrevista inventadas con personajes famosos y a difundir a traves de las redes sociales noticias falsas bajo identidades falsas. Fue él quien recientemente embaucó a muchos con un tuit escrito en nombre del cardenal Tarcisio Bertone, el número dos del Vaticano, anunciando al mundo la trágica muerte de Benedicto XVI…

Pero ahora, este experto en farsas, engaños e invenciones ha sido burlado. De Benedetti asegura ser el autor del polémico tuit en el que Valerie Trierweiler, pareja de Francois Hollande, daba su apoyo al adversario de Segolene Royal, la ex del presidente francés. A pesar de que Tierweiler ha admitido públicamente el error, confesando de ese modo su responsabilidad, De Benedetti insiste en que fue él quien escribió la frase.

“Entré en Twitter, teclee el nombre de la cuenta de Tierweiler y cuando me pidió la clave, metí varias palabras que se me ocurrieron. Hasta que al cuarto intento tecleé Parisien, como se llama la revista en la que trabaja. Y se me abrieron la puertas. A partir de ahí, me pareció divertido escribir un tuit con su nombre dándo ánimos al adversario de la ex pareja de su compañero”.

Se desencadenó una fuerte controversia, y nuestro hombre se frotó las manos satisfecho ante el follón que había producido. Pero lo que no se esperabaes que Tierwieler acabaría apropiando de su tuit… “No sé por qué lo ha hecho. A lo mejor pensó que nadie la creería si decía que le habían saboteado la cuenta o tal vez ha querido hacer un uso político de la situación. El caso es que a mí me ha amargado. Era la primera vez que pirateaba una cuenta de Twitter, no lo voy a hacer más”.

Embaucador

A lo que De Benedetti no piensa renunciar es a su carrera como embaucador y falsario profesional, que arrancó un poco por casualidad en el año 2000. “Yo trarbaja como periodista. Iba a las ruedas de prensa, trataba de conseguir entrevistas… Me lo curraba, a pesar de que me pagaban muy mal, unos 20 euros por artículo. Un día le pedí una entrevista al escritor americano Gore Vidal y accedió a dármela. Pero en el último momento me la anuló”, revela a ELMUNDO.es. “Había apalabrado publicar la entrevista en el periódico napolitano Il Mattino, y cuando les dije que no la tenía me presionaron. Me dijeron que tenía que conseguirla como fuera, que ya me habían guardado el espacio. Así que decidí inventármela”.

A partir de ahí, De Benedetti se convirtió en el rey de las entrevistas falsas. John Grisham, Mario Vargas Llosa, John le Carré… No había escritor famoso que se le resistiera. Así que decidió dar un nuevo salto y ampliar su elenco de falsos entrevistados con personajes de calado del mundo político y religioso como Lech Walesa, Mijaíl Gorbachov o el propio Joseph Ratzinger. “La última entrevista que el cardenal Ratzinger concedió antes de ser elegidoPapa fue a mí”, asegura sacando pecho. Obviamente, era fraudulenta.

Durante diez años la cosa funcionó. Ninguna del cerca de un centenar de falsas entrevistas publicadas durante ese tiempo por De Benedetti en numerosos periódicos de provincias italianos despertó sospechas. “Nadie me preguntaba cómo me las apañaba para entrevistar cada semana a un personaje de primerísima línea, cuando además me cobraba por cada entrevista entre 20 ó 30 euros. Yo creó que por un lado había mucha negligencia, peo también complicidad. Igual se imaginaban lo que ocurría y precisamente por eso preferían hacer la vista gorda”.

Descubierto

La gran bola de las mentiras explotó en 2010, cuando el periódico italiano La Repubblica le hizo una entrevista (esta vez de verdad) al escritor americano Philip Roth. La periodista le preguntó al novelista por la decepción que sentía respecto a Barack Obama, y que había dejado traslucir abiertamente en una entrevista al priódico Libero firmada por un tal Tomasso De Benedetti.Roth, furibundo, no sólo negó no haber dicho nada semejante eso sino que rechazó rotundamente haber dado nunca una entrevista a es tipo.

La revista The New Yorker decidió investigar quién era De Benedetti.Repasó las numerosas entrevistas de relumboron que a lo largo de los años había hecho y contactó con los entrevistados. Y descubrió el pastel: eran todas inventadas.

“En ese momento yo tenía dos opciones. Podía asumir que me habían pillado y guardar silencio, pero eso no encaja con mi temperamento. A mí me gusta el periodismo, me divierte. Así que lo que decidí fue especializarme en auténticos falsos”.

A las redes sociales

De Benedetti comenzó a crear entonces cuentas fraudulentas en Facebook y en Twitter en las que se hacía pasar por personajes famosos. Cómo olvidar, por ejemplo, la famosa cuenta oficial de Carla Bruni desde la cual la ex primera dama francesa anunció al mundo que se acababa de enterar de la muerte de Margaret Thatcher.

“Un importante político canadiense llegó incluso a salir por televisión lamentando la perdida de una importante estadista”, se regocija De Benedetti. O cuando Umberto Eco, a través de una perfil falso de Twitter, dio cuenta del fallecimiento de García Marquez.

Por no hablar de aquella otra ocasión en la que el cardenal Tarcisio Bertone informó al planeta a través de un tuit de la muerte de Benedicto XVI. “Imgínese usted al número dos del Vaticano comunicando la muerte del Papa a través de Internet. Es un disparate, algo surrealista, dadaista.. Pues lo increíble es que no se imagina cuantos picaron: el Guardian, el Washington Post, France Press…”.

Aunque quizás su fraude más sonado fue cuando, a través de una falsa cuenta de email en la que se hacía pasar por Umberto Eco,el año pasado envió al Herald Tribune un artículo en el que polemizaba con Bernard Henry Levy respecto a una intervencion en Libia. “Mandé el email un domingo, convencido de que los sagaces reporteros de la edición internacional del New York Times en seguida llamarían al falso número de móvil que adjuntaba. Pero no lo hicieron, no comprobaron nada. El martes por la noche la carta de Eco estaba en la edición ‘online’ del periódico. Y el miércoles, en la edicón impresa de todo el planeta”. El periódico reconoció la metadura de pata y se excusó con sus lectores.

Detrás de las acciones del impostor De Benedetti se encuentra una denuncia explícita contra los medios de comunicación. “Yo hago lo que hago porque me divierto. Para mi es un pasatiempo, una especie de juego literario en el que doy vida a unos personajes”, asegura. “Pero también me interesa subrayar como en los tiempos de Internet, cuando la rapidez es tan importante, la información vuela sin ningún control. Nadie verifica las informaciones, nadie las controla”.

“De verdad”.”

El dolor de los pobres

Eva Fernández también espetó a Martínez Roda en otra clase de Relaciones Internacionales. Ahora visto con cierta lejanía me doy cuenta de que tenía Federico cierta facilidad para provocar con su ilustrada y sabia visión de las cosas las reacciones más inesperadas… ‘la controverse en vie’…

Hablábamos de los Gobiernos sudamericanos, de la teología de la liberación, el FMLN, la guerrilla… la deuda externa, el FMI… etc., etc., …Eva se levantó entre lágrimas y le preguntó si la Historia, la que se escribe con mayúsculas, siempre tan fría, tenía en cuenta el dolor, el hambre y la rabia de los que no tienen nada que perder… Dejó descolocado a nuestro catedrático en varias disciplinas… y a nosotros también, la verdad…

La última vez que ví a Eva fue en Canals, en una charla sobre el Tercer Mundo. Ejercía de gabinete de prensa de una ONG. Seguro que ella continúa haciendo que se oiga un poco más su voz en el mundo.

Sí, en Periodismo había gente fantástica, de una madera muy especial…

¿Cabe la felicidad en tiempos de crisis?

¿Cabe la felicidad en tiempos de crisis?

Ni el PIB ni la prima de riesgo mide su satisfacción consigo mismo a falta de dinero. Pero otros valores pueden llevar a la plenitud.

Ahora se la llama PFB o Producto de Felicidad Bruta. Hoy en “El País”.