El tipo que inventaba noticias falsas

Anteayer el periódico “El Mundo” hablaba de Tomasso De Benedetti, el hombre que inventa noticias falsas y que asegura haber escrito el polémico tuit de la pareja de Hollande.

“Especialista en dar noticias falsas. Ese es la profesión que debería figurar en las tarjetas de visita de Tomasso De Benedetti, un italiano de 43 años, padre de familia, hijo de periodista, nieto de crítico cultural y que se gana la vida dando clases de literatura en un colegio del centro de Roma.

Este hombre culto, refinado y un poco excéntrico se dedica desde hace años a publicar entrevista inventadas con personajes famosos y a difundir a traves de las redes sociales noticias falsas bajo identidades falsas. Fue él quien recientemente embaucó a muchos con un tuit escrito en nombre del cardenal Tarcisio Bertone, el número dos del Vaticano, anunciando al mundo la trágica muerte de Benedicto XVI…

Pero ahora, este experto en farsas, engaños e invenciones ha sido burlado. De Benedetti asegura ser el autor del polémico tuit en el que Valerie Trierweiler, pareja de Francois Hollande, daba su apoyo al adversario de Segolene Royal, la ex del presidente francés. A pesar de que Tierweiler ha admitido públicamente el error, confesando de ese modo su responsabilidad, De Benedetti insiste en que fue él quien escribió la frase.

“Entré en Twitter, teclee el nombre de la cuenta de Tierweiler y cuando me pidió la clave, metí varias palabras que se me ocurrieron. Hasta que al cuarto intento tecleé Parisien, como se llama la revista en la que trabaja. Y se me abrieron la puertas. A partir de ahí, me pareció divertido escribir un tuit con su nombre dándo ánimos al adversario de la ex pareja de su compañero”.

Se desencadenó una fuerte controversia, y nuestro hombre se frotó las manos satisfecho ante el follón que había producido. Pero lo que no se esperabaes que Tierwieler acabaría apropiando de su tuit… “No sé por qué lo ha hecho. A lo mejor pensó que nadie la creería si decía que le habían saboteado la cuenta o tal vez ha querido hacer un uso político de la situación. El caso es que a mí me ha amargado. Era la primera vez que pirateaba una cuenta de Twitter, no lo voy a hacer más”.

Embaucador

A lo que De Benedetti no piensa renunciar es a su carrera como embaucador y falsario profesional, que arrancó un poco por casualidad en el año 2000. “Yo trarbaja como periodista. Iba a las ruedas de prensa, trataba de conseguir entrevistas… Me lo curraba, a pesar de que me pagaban muy mal, unos 20 euros por artículo. Un día le pedí una entrevista al escritor americano Gore Vidal y accedió a dármela. Pero en el último momento me la anuló”, revela a ELMUNDO.es. “Había apalabrado publicar la entrevista en el periódico napolitano Il Mattino, y cuando les dije que no la tenía me presionaron. Me dijeron que tenía que conseguirla como fuera, que ya me habían guardado el espacio. Así que decidí inventármela”.

A partir de ahí, De Benedetti se convirtió en el rey de las entrevistas falsas. John Grisham, Mario Vargas Llosa, John le Carré… No había escritor famoso que se le resistiera. Así que decidió dar un nuevo salto y ampliar su elenco de falsos entrevistados con personajes de calado del mundo político y religioso como Lech Walesa, Mijaíl Gorbachov o el propio Joseph Ratzinger. “La última entrevista que el cardenal Ratzinger concedió antes de ser elegidoPapa fue a mí”, asegura sacando pecho. Obviamente, era fraudulenta.

Durante diez años la cosa funcionó. Ninguna del cerca de un centenar de falsas entrevistas publicadas durante ese tiempo por De Benedetti en numerosos periódicos de provincias italianos despertó sospechas. “Nadie me preguntaba cómo me las apañaba para entrevistar cada semana a un personaje de primerísima línea, cuando además me cobraba por cada entrevista entre 20 ó 30 euros. Yo creó que por un lado había mucha negligencia, peo también complicidad. Igual se imaginaban lo que ocurría y precisamente por eso preferían hacer la vista gorda”.

Descubierto

La gran bola de las mentiras explotó en 2010, cuando el periódico italiano La Repubblica le hizo una entrevista (esta vez de verdad) al escritor americano Philip Roth. La periodista le preguntó al novelista por la decepción que sentía respecto a Barack Obama, y que había dejado traslucir abiertamente en una entrevista al priódico Libero firmada por un tal Tomasso De Benedetti.Roth, furibundo, no sólo negó no haber dicho nada semejante eso sino que rechazó rotundamente haber dado nunca una entrevista a es tipo.

La revista The New Yorker decidió investigar quién era De Benedetti.Repasó las numerosas entrevistas de relumboron que a lo largo de los años había hecho y contactó con los entrevistados. Y descubrió el pastel: eran todas inventadas.

“En ese momento yo tenía dos opciones. Podía asumir que me habían pillado y guardar silencio, pero eso no encaja con mi temperamento. A mí me gusta el periodismo, me divierte. Así que lo que decidí fue especializarme en auténticos falsos”.

A las redes sociales

De Benedetti comenzó a crear entonces cuentas fraudulentas en Facebook y en Twitter en las que se hacía pasar por personajes famosos. Cómo olvidar, por ejemplo, la famosa cuenta oficial de Carla Bruni desde la cual la ex primera dama francesa anunció al mundo que se acababa de enterar de la muerte de Margaret Thatcher.

“Un importante político canadiense llegó incluso a salir por televisión lamentando la perdida de una importante estadista”, se regocija De Benedetti. O cuando Umberto Eco, a través de una perfil falso de Twitter, dio cuenta del fallecimiento de García Marquez.

Por no hablar de aquella otra ocasión en la que el cardenal Tarcisio Bertone informó al planeta a través de un tuit de la muerte de Benedicto XVI. “Imgínese usted al número dos del Vaticano comunicando la muerte del Papa a través de Internet. Es un disparate, algo surrealista, dadaista.. Pues lo increíble es que no se imagina cuantos picaron: el Guardian, el Washington Post, France Press…”.

Aunque quizás su fraude más sonado fue cuando, a través de una falsa cuenta de email en la que se hacía pasar por Umberto Eco,el año pasado envió al Herald Tribune un artículo en el que polemizaba con Bernard Henry Levy respecto a una intervencion en Libia. “Mandé el email un domingo, convencido de que los sagaces reporteros de la edición internacional del New York Times en seguida llamarían al falso número de móvil que adjuntaba. Pero no lo hicieron, no comprobaron nada. El martes por la noche la carta de Eco estaba en la edición ‘online’ del periódico. Y el miércoles, en la edicón impresa de todo el planeta”. El periódico reconoció la metadura de pata y se excusó con sus lectores.

Detrás de las acciones del impostor De Benedetti se encuentra una denuncia explícita contra los medios de comunicación. “Yo hago lo que hago porque me divierto. Para mi es un pasatiempo, una especie de juego literario en el que doy vida a unos personajes”, asegura. “Pero también me interesa subrayar como en los tiempos de Internet, cuando la rapidez es tan importante, la información vuela sin ningún control. Nadie verifica las informaciones, nadie las controla”.

“De verdad”.”

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